Anales de Pediatría Continuada Anales de Pediatría Continuada
An Pediatr Contin. 2011;9:339-46 - Vol. 9 Núm.6

Control de los pacientes con drepanocitosis en atención primaria

Roser Teixidor Feliu a

a Servicio de Pediatría. Hospital Sant Jaume d'Olot. Girona. España. rteixidor@hospiolot.com

Artículo

Puntos clave

  • La enfermedad de células falciformes es una alteración monogénica, autosómica recesiva con producción de HbS o falciforme, en lugar de HbA normal.
  • La HbS cuando se desoxigena, se polimeriza, con lo que el eritrocito adquiere forma de hoz, se hace rígido y más viscoso.
  • Los hematíes alterados son destruidos precozmente, la hemólisis crónica produce anemia y vasculopatía. Al ser más rígidos y viscosos se produce vasooclusión e isquemia tisular.
  • Hay asplenia funcional por infartos repetidos en bazo, con riesgo de infección por gérmenes capsulados. La profilaxis con penicilina hasta los 5 años y la vacunación contra neumococo ha disminuido la morbilidad.
  • Las transfusiones periódicas previenen la aparición de accidentes vasculares cuando hay aumento de la velocidad del flujo arterial cerebral en la ecografía transcraneal. La hidroxiurea reduce las crisis vasooclusivas en pacientes con enfermedad grave.
  • Para su control y tratamiento precisan de un equipo multidisciplinario coordinado que abarque desde el nivel primario al terciario.

Lectura rápida

  • Definición y clasificación
  • La enfermedad de células falciformes (ECF) es un trastorno autosómico recesivo, producido por una mutación de un único nucleótido del gen de la betaglobina. La hemoglobina resultante se llama S o falciforme.
  • La enfermedad homocigota es la que recibe el nombre de anemia falciforme. Dentro de la ECF se consideran también los dobles heterocigotos que han heredado un gen S y otro gen de betaglobina mutado. Tanto los homocigotos como los dobles heterocigotos presentaran síntomas, de intensidad variable. Predomina la anemia falciforme (HbSS) alrededor del 70% de casos.
  • Fisiopatología
  • Los hematíes con HbS tienen una forma normal cuando transportan oxígeno, pero cuando se desoxigenan, la HbS se transforma en un polímero, adquiriendo el eritrocito forma de hoz, aumentando su rigidez y su viscosidad. Este fenómeno va a ser la causa de las 2 características de la ECF: la hemólisis crónica (HC) y la vasooclusión (VO) de la microcirculación.
  • Los episodios de isquemia-infarto repetidos en el bazo van a producir una asplenia funcional.
  • Complicaciones agudas
  • La manifestación clínica característica de la ECF es el episodio doloroso. Los cuadros VO óseos son los más frecuentes. Si no hay signos de alarma, el dolor puede ser tratado en el domicilio y si no cede o empeora, acudir a urgencias.
  • El síndrome torácico agudo es un nuevo infiltrado pulmonar (no indicativo de atelectasia), que afecta como mínimo a un segmento completo del pulmón, asociado a fiebre y/o síntomas respiratorios.
  • La disfunción esplénica se inicia en los primeros meses de la vida, el riesgo de presentar una septicemia o meningitis por neumococo o algún otro germen capsulado es muy elevada, por lo que en caso de presentar fiebre, principalmente > 38,5 ºC habrá que hacer una valoración urgente del niño.
  • La anemia aguda es el descenso brusco de la hemoglobina de al menos 2 g/dl desde el nivel basal. Las causas más frecuentes son: el secuestro esplénico, la anemia aplásica transitoria y la hiperemólisis.
  • El accidente vascular cerebral se define por la sintomatología neurológica aguda que persiste > 24 h y los estudios de neuroimagen muestran anomalías vasculares o parenquimatosas. El riesgo de aparición es mayor en pacientes con aumento de la velocidad del flujo en arteria cerebral media por ecografía Doppler transcraneal.
  • El priapismo es una erección dolorosa y prolongada.
  • Complicaciones crónicas de la enfermedad
  • La hipostenuria es el problema que se presenta más precozmente y conlleva riesgo de deshidratación; así mismo, colelitiasis, retinopatía proliferativa, osteoporosis y osteopenia, osteonecrosis de cabeza femoral o humeral, úlceras crónicas dolorosas en piernas, infartos silentes cerebrales, retraso en el crecimiento y en la maduración sexual, hipertensión pulmonar que puede aparecer ya en la infancia y cardiomegalia por la anemia.
  • Terapias específicas para la enfermedad grave
  • Un 10% de los niños con ECF tienen complicaciones graves, según el cuadro clínico se pueden proponer los siguientes tratamientos: hidroxiurea, transfusiones crónicas o trasplante de progenitores hematopoyéticos.
  • Diagnóstico
  • Se solicitará estudio de hemoglobinas en cribado neonatal o bien por antecedentes familiares, o por sintomatología compatible o en cribado dirigido a niños de familias con ancestros de África del norte y subsahariana, Caribe, América Central y del Sur, Oriente Medio o India, en los primeros meses de vida.
  • Una vez realizado el diagnóstico hay que iniciar medidas preventivas y educativas, idealmente a los 2 meses de vida.
  • Equipo de pediatría de atención primaria
  • Tiene un papel importante en las siguientes cuestiones: educación al paciente y a su familia, acerca del origen genético de la enfermedad, de sus características y de la necesidad aumentada de líquidos. Habrá que enseñar a reconocer los signos de alarma, a usar el termómetro y a palpar el bazo. A valorar el dolor y a tratarlo.
  • Medidas preventivas
  • Todos los niños deben recibir penicilina oral desde los 2 meses de vida o el momento del diagnóstico hasta por lo menos los 5 años más vacunación del neumococo, tanto la conjugada como la 23-valente, la vacuna de la varicela y la de la gripe anual, además de las vacunas del calendario. Se recomienda administrar ácido fólico periódicamente y vigilar la deficiencia de cinc.
  • Se aconsejará evitar el frío y el calor excesivos, la deshidratación y el ejercicio intenso.
  • Coordinación
  • Para el control y tratamiento de estos pacientes se precisa de un equipo multidisciplinario que incluya profesionales de todos los niveles asistenciales.

Introducción

La drepanocitosis o enfermedad de células falciformes (ECF) agrupa una serie de trastornos de origen genético, frecuentes en algunas minorías étnicas, principalmente de raza negra, llegadas a nuestro país en los últimos años. Se trata de una enfermedad crónica, multisistémica, con una variabilidad clínica importante, con episodios agudos provocados por vasooclusión, hemólisis y/o infección y con un progresivo deterioro orgánico, que reduce la esperanza de vida1,2. Dada la complejidad de la enfermedad, para su control y tratamiento se precisa de un equipo terapéutico multidisciplinario que abarque desde el nivel primario al terciario3-6. El presente artículo revisa la enfermedad y hace hincapié en el papel del equipo de pediatría de atención primaria.

Definición y clasificación

La ECF es un trastorno autosómico recesivo, producido por una mutación de un único nucleótido del gen de la betaglobina, por la que en lugar de producirse hemoglobina (Hb) A (la normal del adulto que está formada por 2 cadenas de alfaglobina y 2 cadenas de beta-globina: α2β2) se produce HbS o falciforme (α2β26glu → val). Existen diferentes variantes. El portador heterocigoto que ha heredado un solo gen anormal tiene una proporción de HbA:HbS de un 60:40, no está anémico y excepcionalmente tiene problemas. El homocigoto que ha heredado un gen anómalo S de cada progenitor, no tiene HbA y prácticamente toda su Hb es S, con niveles variables de Hb F (fetal). La enfermedad homocigota es la que recibe el nombre de anemia falciforme (AF). El doble heterocigoto que ha heredado un gen S de un progenitor y un gen de betaglobina con una mutación diferente (C, betatalasemia, E, Dpunjab, Oarab) del otro progenitor, tampoco tiene HbA, excepto la HbS B+talasemia. Tanto los homocigotos como los dobles heterocigotos presentarán síntomas, aunque de intensidad variable. Los más afectados son los que presentan HbSS y los HbS-βºtalasemia, pero dependiendo de la cantidad de HbF, de la presencia de algunos polimorfismos o de mutaciones de alfatalasemia la variabilidad clínica es notable1,7. En la población con ascendientes de raza negra predomina, con aproximadamente un 70% de los casos, la anemia falciforme (HbSS), en segundo lugar la HbSC con un 25% de los casos y en tercer lugar la HbS-betatalasemia (con 2 subtipos: βºtalasemia y β+talasemia)1,3.

Fisiopatología

Los hematíes con HbS tienen una forma normal cuando transportan oxígeno, pero cuando se desoxigenan, la HbS se transforma en un polímero, adquiriendo el eritrocito la forma típica de hoz, aumentando su rigidez y su viscosidad. Este fenómeno va a ser la causa de las 2 características de la ECF: la hemólisis crónica (HC), intravascular y extravascular, para eliminar los hematíes alterados, va a producir anemia, colelitiasis y contribuye al desarrollo de una progresiva vasculopatía que se caracteriza por hipertensión pulmonar, disfunción endotelial y cambios proliferativos en la íntima y en el músculo liso de los vasos sanguíneos8,9 y la vasooclusión (VO) de la microcirculación con isquemia distal, por adherencia de los hematíes y leucocitos al endotelio, que puede afectar a cualquier órgano. Estos fenómenos y el predominio de uno u otro van a explicar la sintomatología de estos pacientes y sus secuelas van a provocar una muerte precoz1,10.

Los episodios de isquemia-infarto repetidos en el bazo van a producir una asplenia funcional, con aumento del riesgo de infección principalmente por gérmenes capsulados11.

Complicaciones agudas

Dolor

La manifestación clínica característica de la ECF es la crisis dolorosa, que puede presentarse tan pronto como a los 6 meses de vida, recurrir de forma impredecible a lo largo de la vida y requerir tratamiento con opioides. La frecuencia y severidad de las crisis varía ampliamente entre los pacientes y a lo largo del tiempo en un mismo paciente12. Los episodios dolorosos son la principal causa de visitas a urgencias y de hospitalización en la ECF.

El dolor puede ser de tipo agudo, crónico o mixto. El agudo es el dolor más típico, puede iniciarse de forma abrupta sin ninguna explicación, o aparecer como complicación de una situación que ha desencadenado una crisis de falciformación (deshidratación, fiebre, etc.). La intensidad varía desde leve a grave. El dolor no complicado se autolimita y generalmente dura desde unas horas a pocos días, pero puede persistir y recurrir y migrar de un sitio a otro. Con comorbilidades o tratamiento inadecuado puede durar semanas. El dolor crónico es poco frecuente en la infancia (tabla 1).

Los cuadros VO óseos son los más frecuentes. Entre ellos la dactilitis o síndrome de manopie por VO en huesos de manos y/o pies, con dolor e hinchazón de estos, suele ser a menudo la primera manifestación de la ECF. En niños mayores las localizaciones más frecuentes son la columna vertebral, la pelvis y los huesos largos principalmente húmero, tibia y fémur. Aparte de dolor a menudo hay signos inflamatorios y fiebre que obligarán a descartar una osteomielitis. Si es el caso habrá que cubrir Salmonella y estafilococo12.

El dolor abdominal agudo es frecuente, siempre hay que descartar condiciones relacionadas con la ECF, como el secuestro esplénico, colelitiasis, colecistitis o dolor VO en cualquier víscera, sin olvidar enfermedad común como una apendicitis aguda o estreñimiento. Si no hay signos de alarma (tabla 2), el dolor puede ser tratado inicialmente en el domicilio y, si no cede o empeora, hay que acudir a urgencias3-5.

Síndrome torácico agudo (STA)

El síndrome torácico agudo (STA) se define como la presencia de un nuevo infiltrado pulmonar (no indicativo de atelectasia), que afecte como mínimo a un segmento completo del pulmón, asociado a fiebre y/o síntomas respiratorios: tos, sibilancias, dificultad respiratoria, dolor torácico o hipoxia relacionada con valores basales previos10,13,14.

Es una complicación frecuente, y que constituye la segunda causa de hospitalización de los niños afectados de ECF . Las causas son diversas, la principal en niños es la infecciosa, bacteriana (principalmente bacterias atípicas, pero estafilococo y neumococo son también comunes) o viral (principalmente virus respiratorio sincitial y parvovirus). Otra de las causas frecuentes es la embolia grasa pulmonar por necrosis de médula ósea, suele ocurrir uno o 2 días después de una crisis VO ósea. Suele estar asociada a un curso clínico más grave y a peor pronóstico. El infarto pulmonar por VO puede asociarse a las otras causas14. La hipoventilación por dolor u opiáceos puede desencadenar un STA12. También se ha encontrado una asociación con asma15.

Aunque el cuadro clínico inicialmente sea leve se recomienda siempre ingreso hospitalario, por la posibilidad de complicarse3.

Fiebre

Dado que en la ECF en sus formas HbSS y HbS-βºtalasemia, la disfunción esplénica se inicia en los primeros meses de la vida, el riesgo de presentar una septicemia o meningitis por neumococo o algún otro germen capsulado es muy elevada, por lo que en caso de presentar fiebre, principalmente > 38,5 ºC habrá que hacer una valoración urgente del niño, practicar analítica con hemograma y hemocultivo (cultivo LCR y otros, según sospecha) y sin esperar resultados iniciar tratamiento antibiótico con una cefalosporina de 2.ª-3.ª generación por vía parenteral3. Cuando se prevea que pueda no requerir ingreso, se puede administrar ceftriaxona intramuscular y revalorar posteriormente. La constatación de un foco de infección (por ejemplo, nasofaringitis u otitis media) no exime de administrar antibióticos parenterales de forma urgente. Ante todo cuadro febril habrá que descartar otras complicaciones de ECF como el STA, el secuestro esplénico y la crisis aplásica16.

Anemia aguda

La exacerbación aguda de la anemia es definida como un descenso brusco de la Hb de al menos 2 g/dl desde el nivel basal. Las causas más frecuentes son: el secuestro esplénico, la anemia aplásica transitoria y la hiperhemólisis generalmente asociada a una crisis VO o a una infección grave.

El secuestro esplénico se define por el atrapamiento rápido de hematíes por el bazo, que produce una esplenomegalia brusca, disminución de la Hb y a menudo de las plaquetas y en ocasiones una hipovolemia importante. Tanto esta como el empeoramiento de la anemia pueden ser causa de muerte. Se asocia a reticulocitosis. Ocurre cuando el bazo todavía tiene función, es decir, por debajo de los 6 años en niños con HbSS o HbS βºtalasemia, pero puede ocurrir en niños mayores en caso de HbSC o de tratamiento con hidroxiurea. El tratamiento urgente requiere transfusión o exanguinotransfusión. Tiene tendencia a recurrir.

La anemia aplásica transitoria se produce por la supresión parcial o total de la eritropoyesis, con disminución de la Hb y de los reticulocitos (< 1% o < 104/μl). La causa más común es la infección por parvovirus B19. La reticulopenia se inicia a los 5 días de la exposición y se prolonga por 7-10 días. El exantema cutáneo suele estar ausente. La mayoría requieren transfusiones3,5,12.

La infección por parvovirus B19 también se ha asociado a crisis VO, dolor, necrosis de médula ósea, síndrome torácico agudo y accidente vascular cerebral agudo (AVCA)5,17,18.

Accidente vascular cerebral agudo

La hemólisis intravascular crónica que se produce en los pacientes con ECF es la causa de la vasculopatía que presentan. La afectación de los vasos cerebrales predispone a que se produzcan cuadros agudos por VO (isquemiainfarto) o por hemorragia. Los primeros son más frecuentes en la infancia, principalmente entre los 2 y los 10 años. El AVCA se define por la sintomatología neurológica aguda (hemiparesia/hemianestesia, déficit visual, afasia, parálisis de algún par craneal, convulsiones, cambios del comportamiento, etc.) que persiste > 24 h y los estudios de neuroimagen muestran anomalías vasculares o parenquimatosas. Los episodios que duran menos de 24 h se consideran ataques isquémicos transitorios, pero si hay lesiones en la neuroimagen tipo isquemia o hemorragia se consideran AVCA. El tratamiento es urgente y precisa practicarse exanguinotransfusión parcial o transfusión simple con el objetivo de reducir la HbS a < 20%. Se precisa cirugía en caso de aneurisma sangrante. Después de uno de estos episodios hay que incluir al paciente en un programa hipertransfusional para mantener la HbS pretransfusional < 30% hasta los 18 años3. La recurrencia sin tratamiento es muy alta. El riesgo de aparición es mayor en pacientes con velocidades en la arteria cerebral media por ecografía-Doppler transcraneal > 200 cm/s, por este motivo se aconseja como prevención realizar periódicamente esta exploración y si se observa alteración persistente iniciar transfusiones periódicas, con lo que se ha demostrado reducir el ACVA en un 90%19-22.

Priapismo

Se define como una erección dolorosa y prolongada con o sin estimulación sexual. Es un problema frecuente en la ECF, por VO en la circulación peneana. Se presenta de 2 formas, como episodios repetidos de menos de 2-4 h de duración (más frecuente en niños prepuberales) que pueden provocar un cuadro grave, que es el episodio que dura más de 2-4 h (más frecuente en niños puberales y jóvenes) y que de no tratarlo a tiempo conduce a la impotencia. Los casos graves son una urgencia médica. Los episodios transitorios se tratarán en el domicilio con ingesta hídrica, analgésicos, intentar orinar, realizar ejercicio moderado y/o ducharse o bañarse. Si no ceden y duran más de 2 h han de acudir a urgencias. Si estos episodios se repiten con frecuencia (3 2 en un mes o 3 4 en un año) puede plantearse tratamiento preventivo con alfaadrenérgicos3,23.

Complicaciones crónicas de la enfermedad de células falciformes1,3-5,8-10

Renales. La hipostenuria es el problema que se presenta más precozmente, en los primeros años de la vida. Es habitual la nicturia, que en los niños a menudo provoca enuresis nocturna. La diuresis elevada va a provocar un aumento de la necesidad de líquidos, haciendo más proclives a los niños a la deshidratación, con el peligro que esta provoque una crisis VO. Otros problemas renales son la proteinuria, la hematuria, la necrosis papilar o la insuficiencia renal aguda o crónica.

Oculares. La lesión más importante es la retinopatía proliferativa que puede conducir a la pérdida visual. Un traumatismo ocular en enfermo o portador de HbS puede causar sangrado en la cámara anterior que constituye una urgencia oftalmológica en estos pacientes, debido a la dificultad en eliminar los hematíes.

Biliares y hepáticas. Cabe destacar la litiasis y el barro biliar, presentes en un 10% de casos en HbSS y HbS Bºtalasemia en menores de 10 años y hasta un 30% en adolescentes.

Osteoarticulares. La hiperplasia de médula ósea que se produce por la gran producción de hematíes se traduce en osteoporosis y osteopenia con riesgo aumentado de fracturas. La osteonecrosis de cabeza femoral o humeral por VO puede dejar secuelas permanentes. Las úlceras crónicas dolorosas en piernas y difíciles de tratar son otro de los problemas.

Cerebrales. Un 20% de los niños tienen infartos silentes que se han relacionado con problemas neurocognitivos, y riesgo de AVCA. Los déficit neurocognitivos pueden ser debidos en parte a la anemia y a la hipoxia. Pueden desarrollar aneurismas cerebrales y síndrome de moya-moya.

Endocrinológicas. Los pacientes con ECF frecuentemente presentan un retraso en el crecimiento y en la maduración sexual que suele normalizarse. Puede ser necesario realizar estudio si el retraso es marcado.

Pulmonares. La hipertensión pulmonar puede aparecer ya en la infancia. Se asocia a la hemólisis intravascular crónica. Hay factores de riesgo que predisponen a ella como el síndrome de apnea/hipopnea del sueño, que hay que buscar y tratar.

Cardiovasculares. Es frecuente hallar una cardiomegalia por la anemia importante, así como que presenten un soplo sistólico y un latido hipercinético. Tienen una hipertensión arterial relativa, su nivel de presión arterial es mayor del esperado por su grado de anemia.

Terapias específicas para la enfermedad grave

Un 10% de los niños con ECF tienen complicaciones graves, ya sea por los episodios dolorosos repetidos o por evidencia clínica o por Doppler transcraneal de vasculopatía cerebral. En estos casos y según las circunstancias se pueden proponer los siguientes tratamientos: hidroxiurea, transfusiones crónicas o trasplante de progenitores hematopoyéticos12.

Hidroxiurea. Aumenta la HbF con lo que disminuye la polimerización de la HbS. Además tiene otros beneficios como disminuir el número y la activación de los leucocitos, disminuir la adhesividad de las células sanguíneas a las células endoteliales y aumentar la producción de óxido nítrico. Se recomienda para prevenir la recurrencia de episodios dolorosos, de STA grave o recurrente, o de otras complicaciones VO graves24-27.

Transfusiones crónicas. Con el objetivo de mantener la HbS < 30% y de esta manera evitar la falciformación. Se puede hacer mediante transfusiones simples o con exanguinotransfusión. En este caso el aumento del hematocrito es menor y se produce menos acumulación de hierro.

La principal indicación es evitar el episodio de AVCA, o su recurrencia19,21. También se usa en niños < 5 años con secuestro esplénico recurrente, en espera de esplenectomía o cuando no funciona la hidroxiurea12.

Trasplante de progenitores hematopoyéticos. Es el único tratamiento curativo de la enfermedad. La fuente de las células es la médula ósea o la sangre del cordón umbilical de un hermano HLA idéntico. Aunque los resultados son satisfactorios, no está exento de morbimortalidad12,28.

Diagnóstico

Se realiza mediante estudio de Hb. Las técnicas más frecuentemente usadas son la electroforesis de Hb en medio ácido y alcalino, y la cromatografía líquida de alta resolución (HPLC). Para el diagnóstico definitivo en ocasiones, principalmente en los primeros meses de vida, en que la HbF está elevada, será necesario realizar un estudio a los padres o bien estudios moleculares más complejos al niño3.

Es importante cuantificar las HbA2 y F. Desde que se demost ró que el tratamiento preventivo con penicilina desde los primeros meses de vida disminuía la morbilidad de los pacientes afectados de AF29, cobró sentido el cribado neonatal para detectarlos precozmente. En países con elevada presencia multirracial, se ha demostrado que la ECF es la alteración más frecuente detectada por este cribado. En España, en la única comunidad, la de Madrid, donde se realiza cribado universal desde el año 2003, los datos muestran asimismo que es la alteración genética más frecuente (1/6.156 enfermos y 1/259 portadores)30. En Cataluña en un estudio de cribado neonatal se encontró en 1/475 anemia falciforme en población de riesgo (con un 11,6% de población de raza negra)31.

Dado que en nuestro país, a excepción de la comunidad comentada y de algunos hospitales con áreas de referencia con elevada población inmigrante de raza negra, no se realiza cribado neonatal ni universal ni dirigido, el diagnóstico debería hacerlo el pediatra de primaria, por antecedentes familiares, o por cribado dirigido a niños de familias con ancestros de África del norte y subsahariana, Caribe, América Central y del Sur, Oriente Medio o India o por sintomatología compatible, en los primeros meses de vida.

Una vez realizado el diagnóstico hay que iniciar medidas preventivas y educativas, idealmente a los 2 meses de vida, y derivar al paciente al servicio de pediatría del hospital más cercano, mejor si dispone de servicio de hematología pediátrica, pero aunque no disponga de él, es importante que conozca al paciente y que haga de enlace con el hospital terciario que debería disponer de un equipo multidisciplinario para atender la enfermedad crónica y los problemas agudos graves.

Equipo de pediatría de atención primaria

Tiene un papel importante en las cuestiones siguientes.

Educación al paciente y a su familia

La educación a la familia, y progresivamente según la edad del paciente, es un aspecto importante del cuidado de estos enfermos. Irá dirigida a explicar el origen genético de la enfermedad (posibilidad de tener otros hijos afectados o portadores, diagnóstico prenatal en futuros embarazos), fisiopatología básica de la ECF y variabilidad del curso clínico3,16, concienciar de lo que significa una enfermedad crónica y de la necesidad de seguir controles más frecuentes que los niños sanos y de recibir tratamiento preventivo aunque aparentemente estén bien.

Procurar que tengan una alimentación correcta, una hidratación suficiente para sus necesidades aumentadas y una buena higiene dental serán otros de los objetivos que se deben conseguir. La enuresis nocturna, frecuente en estos pacientes, no debe llevar a recomendar una menor ingesta de líquidos antes de acostarse3.

Habrá que educar también sobre la necesidad de acudir urgentemente a un centro hospitalario cuando ocurra algún problema intercurrente potencialmente grave, enseñando a reconocer los signos de alarma (tabla 2). Se adiestrará en el uso del termómetro y en palpar el bazo (para reconocer su aumento brusco)3.

Tanto en la historia clínica del paciente como en su carné de salud, se consignará claramente la enfermedad, la Hb y saturación de O2 basales, el tamaño del bazo y el tratamiento que recibe y se adjuntarán unas hojas con recomendaciones3 acerca de cómo tratar los problemas agudos y se les aconsejará que siempre que acudan a un centro sanitario para consulta lo lleven consigo y lo muestren.

Medidas preventivas

Todos los niños afectados de HbSS29, y de Sβº-talasemia deberían recibir penicilina V potásica desde los 2 meses de vida hasta por lo menos los 5 años, que ha demostrado disminuir el riesgo de sepsis por neumococo en estos pacientes en un 84%. No hay evidencia de que este tratamiento suponga un beneficio clínico pasado este tiempo32. En menores de 3 años la dosis es de 125 mg/12 h y en mayores si pesan menos de 25 kg: 250 mg/12 h; y si pesan más de 25 kg: 400 mg/12 h33. Es obligatorio seguir con el tratamiento indefinidamente en caso de esplenectomizados quirúrgicos o de infecciones repetidas por neumococo. La administración de penicilina en HbSC y HbS B+talasemia es controvertida34, pero se aconseja darla3,4.

Dentro de la profilaxis infecciosa están las vacunas. Se recomiendan las habituales (DTP/IPV/Hib/MCC/hepB/triple vírica), más vacunación del neumococo (por la asplenia funcional), tanto la conjugada como la 23-valente (tablas 3 y 4), la vacuna de la varicela y la de la gripe anual. Dada la posibilidad que vayan a viajar al país de origen de los padres, es recomendable vacunar también de hepatitis A.

Se recomienda administrar ácido fólico 1 mg/día o bien 5 mg/día (AcfolÒ: 1 comprimido 5 mg) durante un mes, cada 3 meses3.

Reduce el riesgo de aplasia de médula ósea. Puede obviarse su administración si hay una dieta variada rica en verdura y fruta fresca35,36.

No se recomienda suplementar con hierro, a menos que no se demuestre su deficiencia, ya que los afectados de ECF acumulan más hierro de lo normal. Si hay microcitosis inexplicada, en ausencia de betatalasemia, hay que hacer un estudio genético para alfa-talasemia5.

Vigilar la deficiencia de cinc y tratarla si ocurre37,38.

Hay además una serie de medidas cuyo objetivo es no exponerse a situaciones que favorezcan las crisis VO: evitar el frío y el calor excesivos, la deshidratación, el ejercicio intenso y subir a alturas superiores a 2.000 m (tabla 5).

El equipo de primaria deberá velar por el cumplimiento del o de los tratamientos y de la comprensión de las medidas preventivas.

Tratamiento del dolor

Habrá que enseñar a las familias a valorar los síndromes dolorosos, a dar importancia al dolor, a aprender a valorar su intensidad, a iniciar pronto el tratamiento en el domicilio y si no hay respuesta o presencia de signos de alarma concomitantes, a acudir a un servicio de urgencias hospitalario.

Si son visitados en atención primaria, usar escalas para valoración del dolor3.

El tratamiento domiciliario consiste en medidas generales como calor local, si el niño puede localizar el dolor, hidratación oral, reposo en cama, masajes, distracción y en tratamiento médico. Para dolor de intensidad leve se puede usar: paracetamol a 15 mg/kg/6 h por vía rectal o 15-20 mg/kg/4 h v.o. y/o ibuprofeno a 5-10 mg/kg/6 h v.o., principalmente si hay signos inflamatorios. En caso de que sea de intensidad moderada se puede usar codeína a 1 mg/kg/6 h (máximo 60 mg/6 h) administrada conjuntamente con el paracetamol y siempre usando preparados no combinados (por insuficiente dosis de codeína). En niños > 6 años podría usarse el ketorolaco (máximo 2-3 días) a 1 mg/kg/ día en 3-4 dosis3.

Coordinación

Dado que estos pacientes son complejos y precisan como se ha comentado de un equipo multidisciplinario que los atienda, desde atención primaria habrá que coordinarse con el equipo del hospital de referencia, que a su vez puede coordinarse con un nivel superior y decidir, según la sintomatología que manifieste un determinado paciente, los controles que se hacen en cada nivel asistencial. Es importante desde primaria recordar a las familias las distintas visitas programadas. Habría que minimizar los desplazamientos a zonas alejadas, que a menudo acaban en deserción, disminuyendo el número de visitas a las indispensables, aprovechando para hacer las exploraciones periódicas el mismo día.

Dada la cronicidad de la enfermedad y lo que puede suponer de recursos económicos para la familia y de impacto psicológico en el paciente y su familia, habrá que coordinarse también con los servicios sociales y psicológicos de atención primaria.

Bibliografía recomenda

Rees DC, Williams TN, Gladwin MT. Sickle-cell disease. Lancet. 2010;376:2018-31.
Artículo de revisión que hace hincapié en la fisiopatología, la epidemiología, los tratamientos actuales y los que están en estudio.

Rodríguez Romero WE, Sáenz Renauld GF, Chaves Villalobos MA. Haplotipos de la hemoglobina S: importancia epidemiológica, antropológica y clínica. Pan Am J Public Health. 1998;3:1-8. Disponible en: http://www.scielosp.org/pdf/ rpsp/v3n1/3n1a1.pdf
Hacen una revisión del origen del gen S en relación a la presión selectiva ejercida por la malaria y del conocimiento actual acerca de los diferentes polimorfismos de ADN que se coheredan con la mutación BS, de importancia epidemiológica, antropológica y clínica.

Sickle cell disease in childhood. Standards and guidelines for clinical care NHS. 2nd ed. October 2010. Disponible en: http://sct.screening.nhs.uk/ cms.php?folder=2493
Ofrece una visión de la organización y coordinación de la atención sanitaria de esta enfermedad por niveles asistenciales, aparte de ser una guía de práctica clínica de reciente revisión.

Oni L, Dick M, Smalling B, Walters J. Care and management of your child with sickle cell disease. A parent's guide. 2nd edition. 2006. Disponible en: www.screening.nhs.uk/ sickleandthal
Exhaustiva guía que puede servirnos de ayuda para educar a los padres y al paciente.

Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas. Guía de práctica clínica sobre enfermedad de células falciformes pediátrica. SEHOP; 2010.
Representa el consenso alcanzado de buena práctica para esta enfermedad entre un amplio abanico de profesionales sanitarios con experiencia, incluyendo representación de puntos de vista de la psicología y de los padres. En ella encontraremos el manejo de la enfermedad y las recomendaciones para dar a los padres que se comentan en el artículo.

Bibliografía

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