Anales de Pediatría Continuada Anales de Pediatría Continuada
An Pediatr Contin. 2005;3:221-8 - Vol. 3 Núm.4 DOI: 10.1016/S1696-2818(05)73286-8

Paludismo

Milagros García-Hortelano a, María José Mellado b, Pablo Martín c

a Servicio de Pediatría. Hospital Carlos III. Madrid. España. mgarcial.hciii@salud.madrid.org
b Servicio de Pediatría. Hospital Carlos III. Madrid. España. mmellado.hciii@salud.madrid.org
c Servicio de Pediatría. Hospital Carlos III. Madrid. España. pmartin.hciii@salud.madrid.org

Artículo

Puntos clave

  • El paludismo o malaria es una enfermedad grave producida por el protozoo Plasmodium que afecta principalmente a África subsahariana, Centro y Surámerica y Sudeste Asiático, con más de 300 millones de enfermos al año, el 90% niños menores de 5 años. En España únicamente existe paludismo importado por viajeros o inmigrantes.
  • La forma de presentación más frecuente es con fiebre, esplenomegalia, anemia y ocasionalmente trombopenia.
  • Las complicaciones y la mortalidad se asocian a P. falciparum, y entre los cuadros más graves destacan malaria cerebral, anemia grave, hipoglucemia, insuficiencia respiratoria, acidosis metabólica y shock.
  • El diagnóstico se basa en la sospecha clínica y epidemiológica ("todo niño procedente de una zona endémica con fiebre tiene paludismo mientras no se demuestre lo contrario") y en su confirmación por gota gruesa/frotis sanguíneo y tests antigénicos rápidos del parásito.
  • El tratamiento de elección del niño procedente de un área de malaria resistente a cloroquina (situación más frecuente) es la quinina asociada a clindamicina en los pequeños o a doxiciclina en los mayores de 8 años. Como alternativa: halofantrina y atovacuona-proguanil, comercializadas en España, o mefloquina, que puede solicitarse por medicamentos extranjeros.

Lectura rápida

  • El paludismo es una enfermedad grave que afecta a más de 100 países en todo el mundo, principalmente África subsahariana, Centro y Suramérica y el Audeste Asiático, y es la enfermedad más frecuente en los viajeros procedentes de zonas endémicas.
  • Situación epidemiológica
  • En los últimos años se ha descrito un aumento de casos importados en la Comunidad de Madrid, con una tendencia ascendente en los menores de 14 años, que suponen un 17% del total de los casos declarados en España. Son los hijos de inmigrantes nacidos en España que viajan a su país de origen los que presentan más riesgo.
  • Etiología y transmisión
  • La transmisión tiene lugar por la picadura del mosquito Anopheles hembra previamente infectado por una de las 4 especies de Plasmodium que afectan al humano: P. falciparum, P. vivax, P. ovale y P. malariae.
  • Manifestaciones clínicas
  • Todo cuadro febril en un niño procedente de una zona endémica que ha llegado recientemente es paludismo mientras no se demuestre lo contrario.
  • En las crisis palúdicas destaca como síntoma fundamental la fiebre, no siempre elevada y no siempre presente; en la exploración física, la palidez de mucosas y la esplenomegalia, y en la analítica, la anemia, la trombopenia y la elevación de la lactatodeshidrogenasa.
  • P. falciparum es la especie que produce enfermedad más grave, con mayor mortalidad y mayor número de complicaciones.
  • Diagnóstico
  • El diagnóstico se basa en la sospecha clínica y la confirmación parasitológica mediante la gota gruesa/frotis sanguíneo, los tests de detección antigénica y la reacción en cadena de la polimerasa.
  • Abordaje terapéutico
  • El tratamiento de la malaria en áreas sin resistencia es la cloroquina oral, seguida en el caso de P. vivax o P. ovale de una cura radical con primaquina.
  • Si el niño procede de una zona de paludismo resistente a cloroquina, se pautará quinina oral asociada a clindamicina o pirimetamina-sulfadoxina en niños pequeños, o quinina asociada a doxiciclina en los mayores de 8 años; como alternativa contamos con la halofantrina, atovacuona-proguanil, mefloquina y artemisinas, estas últimas restringidas a los países en vías de desarrollo.
  • El tratamiento de la malaria complicada siempre se realizará en la unidad de vigilancia intensiva y con quinina intravenosa asociada con otro antipalúdico; se tratarán sintomáticamente las complicaciones.
  • Profilaxis en el niño viajero
  • La profilaxis de la malaria se basa en 4 normas básicas: informar a los padres del riesgo, evitar las picaduras de mosquitos, aconsejar la quimioprofilaxis adecuada y consultar inmediatamente a un médico en caso de síntomas.
  • Las medidas barrera (ropa adecuada, telas mosquiteras y repelentes de insectos) son fundamentales en los niños.
  • Las recomendaciones de la pauta de quimioprofilaxis varían según el organismo que las realice (Organización Mundial de la Salud, Centers for Disease Control) y deben hacerse en función del país que se va a visitar.

El paludismo o malaria es una enfermedad producida por el protozoo Plasmodium que afecta a más de 100 países en todo el mundo, principalmente el África subsahariana, Centro y Sudamérica y Sudeste Asiático. El 40% de la población mundial vive en zonas de riesgo palúdico, lo que supone entre 300 y 500 millones de enfermos al año, de los cuales el 90% son niños menores de 5 años. Además, de entre los 25-30 millones de viajeros a países endémicos de malaria, unos 30.000 contraerán la enfermedad.

En 1964 se erradicó el paludismo en España y desde entonces todos los casos declarados son importados.

Situación epidemiológica actual

En la Unión Europea, desde los años setenta hasta la actualidad, han aumentado los casos de paludismo importado: se declararon 1.500 casos en 1972 y más de 13.000 en 1999, siendo Alemania, Francia y el Reino Unido los países con mayor número de casos1.

Según los datos del Centro Nacional de Epidemiología, en 1996 se notificaron en nuestro país 224 casos de malaria (principalmente en Madrid, y Cataluña), y la cifra ascendió a 456 en 2003 (fig. 1), con una tasa de 1,15 casos por 100.000 habitantes2. Este aumento de la incidencia en los últimos años, similar al de los países europeos, se debe a múltiples factores, como el crecimiento de la inmigración, el incremento de los viajes a países exóticos, el aumento de la resistencia a los fármacos que se utilizan en profilaxis y, en el caso de los niños, el aumento de las adopciones internacionales procedentes de países con malaria.

Figura 1. Paludismo en España: incidencia anual. CAM: Comunidad Autónoma de Madrid. Fuente: Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica. Centro Nacional de Epidemiología.

Figura 2. Distribución mundial del paludismo. Fuente: Organización Mundial de la Salud, 2003.

En la Comunidad de Madrid, en 2003 se detectaron 124 casos de paludismo, lo que supone una incidencia del 2,2/100.000 habitantes, más del doble de la media nacional, con una presentación similar en ambos sexos (un 52% en varones) y con una edad media de 32 años; el grupo de edad entre 21 y 40 años es en el que se encuentran la mitad de los casos. De la distribución por grupos de edad, destaca la tendencia ascendente de los menores de 14 años, que representan el 17%. Con respecto al origen, el 92% de los casos procedían de África, siendo el 81% originarios de Guinea Ecuatorial. Sin embargo, son los hijos de inmigrantes nacidos en España que viajan a su país de origen los que presentan más riesgo, con una tasa de malaria en extranjeros en la Comunidad Autónoma de Madrid del 88%3.

Etiología y transmisión

El paludismo se transmite por la picadura del mosquito Anopheles hembra previamente infectado por una de las 4 especies de Plasmodium que afectan al humano: P. falciparum, P. vivax, P. ovale y P. malariae.

Distribución geográfica

La distribución actual del paludismo en el mundo se muestra en el mapa de la Organización Mundial de la Salud de 2003 (fig. 1). P. falciparum es frecuente en África subsahariana, Haití, Papúa-Nueva Guinea y en la selva amazónica; P. vivax predomina en el subcontinente indio, en Centro y Suramérica, mientras que P. ovale predomina en África occidental.

El riesgo es menor por encima de 1.500 m de altitud, aunque en condiciones climáticas favorables puede aparecer hasta los 3.000 m de altitud. El máximo riesgo de infección ocurre al final de la época de las lluvias.

Ciclo biológico

El ciclo de Plasmodium es complejo, precisa tanto del huésped humano como del mosquito vector.

Tras la picadura del mosquito, se inoculan en el torrente sanguíneo esporozoítos que pasan al hígado, donde se multiplican, y en una o 2 semanas se liberan a la circulación merozoítos que penetran en el hematíe y dan lugar a la forma en anillo (trofozoíto, que identificamos en la extensión sanguínea para el diagnóstico); de este modo se produce la crisis palúdica. Algunos merozoítos pueden desarrollarse y convertirse en gametocitos masculinos y femeninos, que completarán el ciclo al ser ingeridos por la hembra de Anopheles, en cuyo estómago se fusionarán y darán lugar al cigoto, que pasará a la glándula salival y podrá ser inoculado de nuevo.

En el caso de P. vivax o P. ovale, pueden quedar formas "durmientes" en el hígado (hipnozoítos) y con el tiempo pasar a la sangre y dar lugar a una nueva crisis.

Manifestaciones clínicas

"Todo cuadro febril en un niño procedente de una zona endémica que ha llegado recientemente es paludismo mientras no se demuestre lo contrario"4.

El período de incubación varía dependiendo de la especie (tabla 1): el de P. falciparum es el más corto, los de P. ovale y P. vivax pueden prolongarse meses, y el de P. malariae, años.

Los pródromos son inespecíficos. En la crisis palúdica destaca como síntoma fundamental la fiebre (aunque no siempre está presente), que puede asociarse con escalofríos, vómitos, dolor abdominal, diarrea o exantema5. En la exploración física con frecuencia se aprecia un niño pálido (en caso de raza negra, valorar las mucosas) con esplenomegalia y ocasionalmente hepatomegalia.

En el hemograma se objetivan anemia, cifras de leucocitos normales y con frecuencia trombopenia. La proteína C reactiva está elevada, con una bioquímica normal, donde puede destacar la elevación de la lactatodeshidrogenasa.

En zonas endémicas, aunque está descrita la malaria congénita, los neonatos rara vez enferman, debido a la presencia de anticuerpos maternos y a las altas cifras de hemoglobina fetal en los primeros meses de vida, que protegen frente al paludismo. Los mayores de 5 años tienen cierta inmunidad adquirida tras haber pasado cuadros palúdicos repetidos, y son los niños con edades entre 6 meses y 5 años los que presentan mayor mortalidad.

Malaria complicada

P. falciparum es la especie que produce enfermedad más grave, con mayor mortalidad y mayor número de complicaciones6,7. Destacamos:

1. Malaria cerebral. Cuadro muy grave, producido por P. falciparum, con alta mortalidad, caracterizado por fiebre muy elevada, con frecuencia acompañada de convulsiones, obnubilación y coma. El líquido cefalorraquídeo es normal y puede encontrarse una presión elevada, con celularidad normal y leve aumento de proteínas8,9.

2. Anemia grave. Complicación más frecuente en niños en áreas endémicas. Se considera grave cuando el valor del hematócrito es menor del 15% y el de hemoglobina menor de 5 g/l.

3. Hipoglucemia. Se debe al consumo de glucosa periférica por Plasmodium. Se califica de grave cuando las cifras de glucemia son menores de 40 mg/dl. Puede producir obnubilación y confundirse con malaria cerebral. No debe olvidarse que el tratamiento con quinina intravenosa produce insulinismo y secundariamente hipoglucemia.

4. Insuficiencia respiratoria. Puede presentarse como:

­- Edema agudo de pulmón, más frecuente en niños que en adultos, en relación con un inadecuado manejo hídrico. Responde bien con diuréticos.

­- Insuficiencia respiratoria por aumento de la permeabilidad vascular pulmonar. Se produce más tardíamente, cuando la parasitemia es baja. Es más frecuente en niños mayores y adultos, responde mal al tratamiento y suele precisar ventilación mecánica.

5. Parasitemia grave. Si es superior al 5%, se considera factor de mal pronóstico.

6. Acidosis metabólica grave. Se define como grave cuando el pH es menor de 7,25 o el bicarbonato sérico menor de 15 mmol/l.

7. Fracaso renal agudo. Raro en niños.

8. Shock. Suele ser multifactorial y puede unirse un shock séptico de causa bacteriana por sobreinfección. Por este motivo, ante un niño con malaria grave y shock es obligado iniciar tratamiento empírico con antibióticos hasta recibir resultados de laboratorio (hemocultivos, etc.).

9. Coagulación intravascular diseminada y rotura esplénica (esta última en relación con P. vivax o P. ovale).

10. Hepatopatía. Más frecuente en niños pequeños, se asocia con un aumento moderado de bilirrubina y de alaninaaminotransferasa10.

Diagnóstico

De sospecha

El diagnóstico es clinicoepidemiológico. Insistimos en que es fundamental pensar en la malaria ante cualquier niño procedente de un país donde el paludismo es endémico que acude con fiebre alta, sean cuales sean su edad y los síntomas acompañantes4.

De confirmación

En este caso es parasitológico:

­Gota gruesa/frotis sanguíneo. Identificación del parásito en sangre periférica. La gota gruesa permite analizar mayor cantidad de sangre, facilita la detección de parasitemias bajas y ahorra tiempo de microscopio. Antes de considerar las pruebas negativas, se deben examinar al menos 200 campos (30 min para el frotis y unos 6 min para la gota gruesa, dependiendo de la experiencia del microbiólogo).

­- Técnicas de detección antigénica. Son tests rápidos que detectan antígenos del parásito en sangre. No se necesita microscopio, son técnicas inmunocromatográficas11.

El test de inmunocromotografía ICT detecta una proteína 2 rica en histidina (HRP-2) específica del P. falciparum y una proteína panespecífica para las 4 especies de Plasmodium que permite detectar infecciones por P. falciparum o P. vivax12. Por su parte, el test OptiMAL detecta una enzima del parásito (lactatodeshidrogenasa) común a P. falciparum y P. vivax. Ambas técnicas tienen una alta sensibilidad (85-95%) y especificidad (90-95%). Podemos encontrar falsos negativos en parasitemias muy bajas y falsos positivos tras el tratamiento con antipalúdicos. No detectan el grado de parasitación, ni parasitemias mixtas. Tampoco son útiles para el diagnóstico de P. ovale y P. malariae.

­Reacción en cadena de la polimerasa (detección genómica del parásito en sangre). Técnica sofisticada y cara que pone de manifiesto parasitemias pequeñas (incluso del 0,0015%) que se escapan a la gota gruesa. Sirve para las 4 especies y detecta parasitemias mixtas13,14.

Abordaje terapéutico

El tratamiento dependerá del tipo de Plasmodium15,16.

Malaria no complicada por P. vivax, P. ovale, P. malariae y P. falciparum de áreas sin resistencia a cloroquina

El tratamiento de elección es la cloroquina oral, a dosis inicial de 10 mg de cloroquina/base por kilo de peso (no sobrepasar los 600 mg), seguida de 5 mg/kg a las 6, 24 y 48 (o 36) h de la dosis inicial. Es segura y bien tolerada. Los efectos secundarios17 se especifican en la tabla 2.

En 1989 el grupo de Rieckmann comunicó resistencias de P. vivax al tratamiento con cloroquina en Papúa-Nueva Guinea e Indonesia, y posteriormente en zonas de Brasil, Guatemala, India y Myanmar. No se han descrito casos de resistencia en P. ovale.

Tras el tratamiento con cloroquina conseguimos eliminar el parásito en sangre periférica. Sin embargo, mientras que P. falciparum y P. malariae sólo tienen fase eritrocítica, P. vivax y P. ovale pueden permanecer en el hígado (hipnozoítos) y con el tiempo producir una nueva crisis palúdica. Para evitarlo, únicamente en caso de malaria por P. vivax o P. ovale debemos realizar una cura radical con primaquina oral (dosis de 0,3 mg por kilo y día) durante 14 días. Es necesario previamente descartar un déficit de glucosa 6-fosfato deshidrogenasa, ya que al administrar primaquina en estos casos podríamos ocasionar un cuadro de hemólisis aguda. En zonas del sudeste asiático, Centroamérica y el Pacífico occidental se han comunicado cepas de P. vivax con baja sensibilidad a la primaquina, por lo que en estas áreas se deben elevar las dosis o prolongar el tratamiento a 30 días18.

Malaria no complicada por P. falciparum en áreas con resistencia a cloroquina

La resistencia de P. falciparum a cloroquina apareció a mediados de los años cincuenta en el sudeste asiático y en Sudamérica, y en los años ochenta se extendió a África, donde alcanza actualmente cifras mayores del 50%19. Por ese motivo, para todo niño con malaria que proceda de una zona de alta resistencia, la pauta de tratamiento será la siguiente15:

­- Asociar sulfato de quinina (25 mg base/kg) durante 5-7 días con pirimetamina-sulfadoxina (dosis única) o con clindamicina (20-40/kg/día en 3 dosis) durante 5 o 7 días.

­En los niños mayores de 8 años puede utilizarse sulfato de quinina con doxiciclina (2 mg/kg/día) durante 7 días.

Como alternativa a este tratamiento, tenemos:

­- Mefloquina (25 mg/kg en dosis única o mejor repartida en 2 o 3 dosis separadas 8 h), segura en niños menores de 15 kg20. No se utilizará en caso de antecedentes de convulsiones, epilepsia, insuficiencia hepática, alteraciones de la conducción cardíaca21 ni en menores de 3 meses (o con peso inferior a 5 kg), en quienes no existe experiencia previa. No comercializada en España, debe obtenerse por medicamentos extranjeros.

­- Halofantrina (8 mg/kg cada 6 h, 3 dosis)22. Debemos valorar un segundo ciclo de tratamiento a la semana cuando la parasitemia inicial es muy alta. Se ha descrito toxicidad cardíaca (trastornos en la conducción, con prolongación del intervalo Q-T en adultos, con escasos datos publicados en niños)23.

En el Servicio de Pediatría del Hospital Carlos III, entre enero de 1991 y diciembre de 2001 se trató con halofantrina a 182 niños con paludismo procedentes de zonas endémicas de P. falciparum con alta resistencia a cloroquina (África subsahariana principalmente, Asia y Sudamérica). Se objetivaron buena eficacia terapéutica (2 casos de resistencia clínica) y buena tolerancia a dicho fármaco (96%), con escasos efectos secundarios24,25.

­- Atovacuona-proguanil. La dosis recomendada26, en una única toma diaria, es: a) para pacientes de entre 11 y 20 kg de peso, 62,5 mg de atovacona/25 mg de proguanil; b) 21 a 30 kg de peso, 125/50 mg; c) 31 a 40 kg, 187,5/75 mg, y d) pacientes con más de 40 kg de peso, 250/100 mg.

No debe utilizarse cuando el peso es inferior a 11 kg, por falta de datos. Los efectos secundarios son leves (tabla 2), aunque está contraindicado en caso de insuficiencia renal grave27.

­- Artemisina, artemeter y derivados, fármacos muy potentes, que no están comercializados en España y actualmente quedan restringidos para el tratamiento de la malaria grave en áreas de P. falciparum multirresistente, en asociación siempre con mefloquina, pirimetamina-sulfadoxina, amodiaquina o incluso atovacona- proguanil28-30.

­Nuevos fármacos y nuevas combinaciones. Recientemente se ha publicado que la asociación de fosmidomicina-clindamicina durante 5 días puede ser una alternativa para el tratamiento en niños con malaria no complicada por P. falciparum31, o bien la combinación de clorproguanil-dapsona, que ha resultado eficaz y bien tolerada32.

Todos los niños con malaria deben ingresar en el hospital ante la posibilidad de presentar complicaciones.

Malaria complicada por P. falciparum

En los casos de malaria grave o si no se tolera la vía oral, se iniciará tratamiento con quinina intravenosa (dosis inicial de carga: 20 mg/kg). En zonas de resistencia a la quinina, asociar doxiciclina intravenosa (1 mg/kg/12 h) en los mayores de 12 años, o clindamicina intravenosa (40 mg/kg/día) en los menores, siempre en la unidad de vigilancia intensiva y bajo monitorización33.

Se añadirá siempre el tratamiento sintomático de cada complicación e incluso podrá ser precisa una exanguinotransfusión, que se plantea en caso de parasitemias elevadas y persistentes (> 10%) en niños con tratamiento antimalárico sin mejoría34.

Profilaxis en el niño viajero

Aunque los niños viajan menos que los adultos, se estima que anualmente viajan 1,9 millones de niños menores de 14 años, muchos de ellos a países con riesgo de malaria35.

La prevención del paludismo se basa en 4 normas básicas36:

1. Informar a los padres del riesgo (período de incubación, síntomas más frecuentes, etc.).

2. Evitar las picaduras de mosquitos: recomendar el uso de repelentes, mosquiteras, etc. En muchas ocasiones, con los niños pequeños es la única medida que podemos tomar.

3. Aconsejar sobre la quimioprofilaxis antimalárica más adecuada.

4. Consultar inmediatamente a un médico en caso de síntomas. En niños pequeños, no se recomiendan autotratamientos.

Medidas barrera

Son fundamentales en pediatría, ya que algunos fármacos muy útiles en adultos no deben utilizarse en niños por su elevada toxicidad o por falta de experiencia. Debemos advertir a los padres que la protección individual frente a las picaduras de mosquitos entre el anochecer y el amanecer es la primera línea de defensa contra el paludismo37. Utilizaremos:

1. Ropa adecuada que cubra la mayor parte de las zonas expuestas: pantalón largo y camisas de manga larga, calcetines, zapato cerrado, gorra, etc.

2. Telas mosquiteras (poros de 1,2-1,5 mm), tanto en ventanas como alrededor de la cuna o cama, que pueden impregnarse con insecticidas residuales.

3. Repelentes de insectos. La picaridina ­ácido 1-piperidincarboxil, 2-(hidroxietil)-1-metilpropileste­ a concentraciones del 10-20% y el DEET (N,N-dietil-3-metilbenzamina) al 30%, que proporciona más del 95% de protección durante 6 a 12 h en adultos38,39, pueden emplearse en niños mayores sin peligro. Podrían presentar alguna toxicidad los niños muy pequeños. En éstos se utilizarán el N-butil-N acetilaminopropionato de etilo al 17%, cuyo efecto dura entre 1 y 4 h, o bien aceites esenciales de plantas (limón, eucalipto, etc.), que tienen un efecto poco duradero, de aproximadamente 2 h.

4. Insecticidas. Se combinan con los repelentes aplicados sobre la piel. El más utilizado es la permetrina en aerosol o soluciones sobre la ropa, telas mosquiteras, etc.

Quimioprofilaxis

Como normas generales, debemos recordar al viajero36,37:

­- Ningún fármaco antipalúdico previene completamente frente a la enfermedad.

­Para obtener concentraciones terapéuticas en sangre al llegar a la zona de riesgo, la profilaxis debe iniciarse una semana antes (mefloquina o cloroquina), o el día anterior (proguanil, atovacuona-proguanil o doxiciclina).

­- El fracaso en la profilaxis no significa siempre resistencia al medicamento.

­No se debe olvidar que, en mayor o menor medida, todos los fármacos antipalúdicos tienen capacidad tóxica, como ya hemos comentado (tabla 2).

Para la profilaxis contamos con los fármacos de la tabla 337,38,40. La primaquina puede utilizarse como profilaxis terminal para evitar las recidivas por P. vivax en niños con largas estancias en zonas endémicas. Se administrará durante 15 días, a las 4 semanas de finalizar la profilaxis antipalúdica.

La tafenoquina (etaquina; WR 238605), en fase de estudio, es eficaz en la prevención de la fase hepática de P. falciparum multirresistente y P. vivax. Se ha realizado un estudio en adolescentes de Gabón, con muy buenos resultados41. No esta comercializado.

Elección de la pauta adecuada

Actualmente las recomendaciones de la pauta de quimioprofiláxis varían según el organismo que las realice (Organización Mundial de la Salud o Center of Disease Control)42 y deben hacerse en función del país que se va a visitar, teniendo en cuenta las resistencias, casos nuevos, alertas sanitarias, etc. Por ello, se debe recomendar a todo viajero, tanto niño como adulto, que antes de emprender su viaje, más si es a un país tropical, acuda a una unidad de consejo al viajero.

Vacuna frente a la malaria

Por lo que se refiere a la vacuna frente a la malaria, hasta el momento actual ninguna de las utilizadas ha dado buenos resultados. En octubre de 2004 Alonso et al43 publicaron los resultados preliminares de un ensayo doble ciego, realizado en un grupo de 2.022 niños de Mozambique, con 3 dosis de una vacuna preeritrocitaria que contiene un antígeno de superficie del circunsporozoíto de P. falciparum. A los 6 meses objetivaron una eficacia que osciló entre un 57,7 y un 45%, según los grupos de edad. Son resultados prometedores, aunque deberemos esperar más tiempo.

Bibliografía recomenda

López Vélez R. Prevención de la malaria en los viajes internacionales. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2003;21:250-62.
Artículo muy completo en el que se especifican la distribución geográfica de las especies de Plasmodium y de las resistencias de los antipalúdicos, así como la pauta de quimioprofilaxis según zona del viaje detallando sus efectos secundarios y las contraindicaciones.

Alonso PL, Sacarlat J, Aponte JJ, Leach A, Macete E, Milman J, et al. Efficacy of the RTS,S/AS02A vaccine against Plasmodium falciparum infection and disease in young African children: randomised controlled trial. Lancet. 2004;364:1411-20.
Publicación muy reciente sobre los resultados preliminares de un ensayo clínico, doble ciego y aleatorizado, fase IIIb, en un grupo de 2.022 niños de Mozambique de entre 1 y 4 años de edad, con una vacuna preeritrocitaria que contiene un antígeno de la superficie de P. falciparum. Los niños incluidos recibieron 3 dosis de vacuna y tras 6 meses de seguimiento se objetivó una eficacia que osciló entre el 57,7 y el 45% según los grupos de edad. Segura y bien tolerada, los resultados de esta vacuna son muy prometedores.

Berman J. Toxicity of commonly-used antimalarial drugs. Travel Med and Infect Dis. 2004;2:171-84.
Se trata de una actualización muy completa de los fármacos frente a la malaria y sus efectos secundarios. Incluye toxicidad neurológica y cardíaca de la quinina, mefloquina y artemisina. Especifica los fármacos que pueden utilizarse durante el embarazo.

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