Anales de Pediatría Continuada Anales de Pediatría Continuada
An Pediatr Contin. 2012;10:142-7 - Vol. 10 Núm.3

Separación de los padres. Efectos traumáticos en los hijos

María Jesús Mardomingo Sanz a, mjmardomingo@aepnya.net

a Pediatría y Psiquiatría. Psiquiatría Infantil. Hospital Gregorio Marañón. Madrid. España.

Artículo

Puntos clave

El divorcio de los padres es un fenómeno creciente que afecta a un tercio de los niños de familias socialmente desfavorecidas.

El 20-25% de los niños cuyos padres se separan presentan problemas psicológicos y psiquiátricos frente al 10% de la población general.

La conflictividad mantenida entre los padres es uno de los factores de peor pronóstico en la evolución de los hijos.

Los trastornos psiquiátricos más frecuentes en los hijos son los cuadros depresivos y de ansiedad, que afectan más a las mujeres, y los trastornos de comportamiento.

La sintomatología de los niños varía con la edad. El llanto, la irritabilidad y los trastornos del sueño son típicos de los niños más pequeños y el ánimo deprimido, la agresividad y la conmoción del sistema de valores en los adolescentes.

Los efectos del divorcio en los hijos pueden prolongarse hasta la vida adulta, con tasas más altas de divorcio en aquellos que sufrieron el divorcio de sus padres.


Lectura rápida

El divorcio es un fenómeno progresivamente creciente en las sociedades occidentales, representando uno de los acontecimientos más estresantes de la vida de los niños. Sus repercusiones en la estabilidad emocional de los hijos y de los padres son considerables y sus efectos pueden prolongarse a lo largo de los años.

Si bien es verdad que el divorcio o separación de los padres no implica necesariamente que los hijos sufran trastornos psiquiátricos, las tasas de prevalencia son superiores en estos niños cuando se comparan con niños que viven en familias unidas. La separación por tanto actúa como factor de riesgo de psicopatología de modo especial cuando tiene un carácter conflictivo y la conflictividad se prolonga a lo largo del tiempo. Es probable que la conmoción que supone el divorcio no pueda compararse en complejidad e implicaciones con ninguna otra crisis de la vida. Los conflictos familiares suelen existir desde mucho antes de la separación y se incrementan cuando los padres toman la decisión de separarse y se ponen en marcha los trámites legales y los cambios en la convivencia de la familia.

Los efectos de la separación sobre los hijos se manifiestan a corto, medio y largo plazo. De forma inmediata disminuye el contacto con uno de los padres y cambia el cuidado del niño, se agudizan problemas anteriores emocionales y de conducta, disminuye el nivel económico y con frecuencia se cambia de colegio. Todo ello requiere un esfuerzo considerable de adaptación por parte del niño.

La psicopatología cambia con la edad. Los síntomas más frecuentes son irritabilidad, llanto inmotivado, trastornos del sueño y de la alimentación y falta de colaboración con los padres, en los más pequeños. A partir de los 6 años, se niegan a aceptar la realidad del divorcio, temen perder a uno de los padres o a los dos, se sienten abandonados y traicionados, se comparan con sus compañeros y experimentan humillación y agresividad. Sufren trastornos de ansiedad, síntomas depresivos y desciende el rendimiento escolar.

Los adolescentes presentan cuadros depresivos, ideas de suicidio, trastornos de ansiedad, trastornos del comportamiento, inseguridad ante el futuro y una auténtica conmoción del sistema de valores. Les resulta enormemente doloroso renunciar a la idea de una familia unida y feliz.

Algunos autores hablan de una transmisión generacional del divorcio, ya que estudios longitudinales indican mayor frecuencia de depresión, dificultad para establecer relaciones personales estrechas, inseguridad ante la educación de los propios hijos y tasas más altas de separaciones en sus matrimonios en adultos cuyos padres se separaron.

Son factores de protección la escasa conflictividad entre los padres, mantenimiento de la relación con ambos padres, tener una relación de confianza al menos con uno de ellos, apoyo de amigos y familiares, ausencia de juicios negativos de un padre sobre el otro, cambios mínimos en la organización de la familia.

Son factores de riesgo de sufrir psicopatología: conflictividad mantenida, que los padres sufran problemas psiquiátricos, clase socioeconómica desfavorecida, carácter repentino del divorcio, ausencia física o emocional de uno de los padres, problemas legales que persisten en el tiempo, utilización de los recursos legales como modo de solución de los problemas.

Los padres deben explicar de modo paulatino, razonable y coherente los motivos por los que se separan, teniendo en cuenta, obviamente, la edad y las características del niño.

Existen tres momentos clave para asesorar a los padres: antes de la separación legal, durante la fase de crisis aguda de la separación y una tercera etapa posterior de reconstrucción de la vida familiar.

El tratamiento y ayuda a los niños tiene como objetivos destacados reconocer la separación como algo real e ineludible y aceptarlo. No sentirse responsables de lo sucedido. Aceptar que disminuye y cambia el contacto con uno o con ambos padres. No dejarse implicar en la conflictividad. No actuar como intermediarios de los conflictos. Superar los sentimientos de culpa, cólera y reproche. No pretender que los problemas se resuelvan con su sacrificio personal. Tener expectativas realistas, sobre todo en el caso de los adolescentes, respecto a iniciar otras relaciones personales que compensen de la pérdida sufrida. Aceptar la complejidad como algo inherente a las relaciones humanas.

Para muchos niños el divorcio representa, junto a todos sus inconvenientes, la oportunidad de liberarse de una situación de conflictividad intolerable. Ayudar a los niños y asesorar a los padres es una labor en la que el pediatra puede tener un papel fundamental disminuyendo el riesgo de que surja psicopatología.


Introducción

A lo largo de su historia, la pediatría y la psiquiatría del niño y del adolescente han considerado los factores ambientales, y de modo particular el medio familiar, como un elemento fundamental en el desarrollo emocional del niño. La familia no sólo es el medio natural donde el niño vive, sino un elemento clave en el desarrollo cognoscitivo, el desarrollo emocional y la adaptación social. No es extraño, por tanto, que todas aquellas circunstancias que afectan a la familia y a la interacción de sus miembros tengan repercusiones en el desarrollo y adaptación de los niños.

La segunda mitad del siglo xx se ha caracterizado por grandes cambios en la organización familiar y un aumento progresivo de los divorcios y separaciones de los padres. En nuestro país se producen 2,35 disoluciones matrimoniales por cada 1.000 habitantes, observándose un aumento progresivo desde la aprobación de la ley del divorcio en 1981 hasta el año 2005, con una ligera disminución desde 2006 hasta 2009, y de nuevo un ligero aumento del 4,7% en 2010 según el Instituto Nacional de Estadística.

Se calcula que en España medio millón de familias viven graves problemas de interacción y muchas de ellas acabarán separándose. En países como Estados Unidos, un tercio de los niños viven sólo con uno de los padres de modo particular en familias que pertenecen a minorías o viven en la pobreza1. La separación y el divorcio se presentan así como una de las circunstancias que más profundamente y con más frecuencia afectan a la vida de los niños2.

Si se tiene en cuenta el cúmulo de repercusiones emocionales, sociales, sanitarias y económicas que acompañan al divorcio, se puede deducir la enorme magnitud de este problema. A lo largo de este artículo se exponen las características del divorcio o separación, los efectos traumáticos en los hijos a corto y largo plazo, la psicopatología, los factores de protección y de riesgo y las medidas de prevención y tratamiento.

Características del divorcio

Si bien es verdad que el divorcio de los padres no implica obligatoriamente que los hijos presenten trastornos psiquiátricos, también es verdad que los hijos de padres separados acuden más a las consultas de psiquiatría y pediatría3, de tal forma que el 30% de los niños cuyos padres se divorcian cuando ellos tienen 7 años necesitan tratamiento antes de llegar a la adolescencia, frente al 10% de los que viven con ambos padres. Asimismo, antes de llegar a la vida adulta, el 40% recibe psicoterapia4.

La proporción de niños hijos de padres separados es aún mayor entre los pacientes ingresados en los hospitales, y representan el 50-75% de los adolescentes que ingresan por motivos psiquiátricos. El hecho de vivir con ambos padres biológicos parece tener un carácter protector para el niño, de forma que los niños y adolescentes que viven con uno sólo de los padres, o que viven con padres adoptivos, tienen también un riesgo dos o tres veces superior de sufrir trastornos emocionales y del comportamiento y problemas de aprendizaje5.

El primer divorcio de los padres no es raro que se siga de un segundo o incluso de un tercero, constatándose que mientras la tasa de separaciones en un primer matrimonio se sitúa en torno al 30-40%, en muchos países occidentales, en los segundos matrimonios esta cifra asciende a un 60%.

Una de las características más destacadas del divorcio es que no se trata de un acontecimiento limitado en el tiempo, sino de un largo proceso que se extiende a través de los años y cuyas consecuencias pueden prolongarse a lo largo de la vida del niño. Los conflictos que genera el divorcio suelen estar presentes mucho antes de que se inicien los trámites de separación y rara vez terminan con la sentencia del juez. De hecho, el proceso del divorcio abarca 3 grandes etapas: una etapa previa de desavenencias y conflictos maritales; una segunda etapa de intensificación de estos conflictos, coincidiendo con el comienzo de los trámites legales de la separación; y una tercera etapa de efectos a corto, medio y largo plazo que pueden afectar a todos los miembros que constituyen la familia6.

Es probable que la conmoción que representa el divorcio no pueda compararse en complejidad e implicaciones con ninguna otra crisis de la vida del adulto y de la vida del niño, y los cambios vitales que preceden y que le siguen tienen un papel determinante en el futuro emocional y personal de padres y de hijos. De forma inmediata el divorcio significa la pérdida total o parcial de uno de los padres por parte del niño, la prolongación de los conflictos emocionales que existían en la familia o incluso su agudización, la aparición de cambios en los cuidados del niño, el descenso del nivel económico y el cambio de colegio. Más adelante, el proceso de adaptación tendrá que completarse ante un nuevo matrimonio del padre o de la madre, y con la incorporación de nuevos miembros a la familia.

La relación de los padres con los hijos se caracteriza muchas veces por las exigencias excesivas, la irritabilidad, la inconsistencia y la falta de apoyo. Estas pautas de interacción están presentes en muchos casos varios años antes del divorcio.

Los padres se sienten infelices en su matrimonio mucho antes de la separación, y uno de los motivos de discusión más frecuente son temas relacionados con la educación de los hijos6, lo que explica que muchos de estos niños se sientan responsables del divorcio de sus padres. Las disputas representan no pocas veces una forma de desplazamiento de los propios conflictos de los padres. Otras veces les proporcionan un magnífico campo de batalla para exponer los reproches y acusaciones mutuas. Por último, estas disputas pueden manifestar la incompetencia real de los padres para afrontar el cuidado y crianza de los hijos, constituyendo una fuente continua de estrés. La prolongación de los efectos del divorcio en los hijos y en los propios padres podría llevar a pensar que la separación es la peor de las soluciones en los conflictos matrimoniales y familiares. Y, sin embargo, el divorcio cumple también la función de mal menor en situaciones de conflicto familiar, donde la primera víctima son los hijos. En estos casos la separación puede representar un auténtico alivio para todos los miembros de la familia, y una nueva oportunidad de recomposición de las relaciones familiares.

Divorcio y psicopatología en los hijos

El intenso estrés que acompaña al proceso de divorcio actúa en muchos casos como factor desencadenante de psicopatología en los hijos. Se calcula que el 20-25% de los niños de padres separados sufre serios problemas psicológicos y sociales frente al 10% de los niños cuyos padres viven juntos7,8, de tal forma que el riesgo de presentar psicopatología se multiplica por 2 en los niños9.

Los niños y los adolescentes reaccionan con cuadros de ansiedad, depresión y trastornos de conducta de carácter agudo, que pueden prolongarse durante años. Son frecuentes los comportamientos agresivos y antisociales, los trastornos de ansiedad, la dificultad en el control de los impulsos, la depresión, el descenso en el rendimiento escolar y los problemas de adaptación general8,10-12.

La sintomatología varía en función de la edad7,13. En los niños menores de 4 años son frecuentes los trastornos del sueño, la irritabilidad con episodios de llanto, la agresividad con los padres y hermanos y el miedo a ser abandonados7,9,15. Los escolares de 6 a 12 años se niegan a aceptar la realidad del divorcio y se consuelan pensando que su padre o su madre terminarán por volver a casa; temen perder para siempre al padre que se ha ido y vigilan a aquel con el que viven, intentando adivinar el menor atisbo de que éste también les pueda abandonar. Sienten agresividad y humillación y se ven a sí mismos en clara situación de desventaja con respecto a sus compañeros que viven con ambos padres. Los niños sufren trastornos de ansiedad, rinden menos en el colegio y son extraordinariamente vulnerables a las escenas de violencia y a las disputas familiares.

Los adolescentes cuyos padres se separan pueden experimentar una auténtica conmoción en todo el sistema de valores y en el concepto de la vida que se habían formado. Desde el punto de vista psicopatológico pueden sufrir episodios de depresión con ideas e intentos de suicidio, considerando que la vida no tiene sentido, junto a trastornos de ansiedad y problemas de comportamiento8. Los comportamientos agresivos, en ocasiones, se manifiestan por primera vez en niños que nunca antes los habían tenido. Otras veces los problemas de comportamiento ya existían, y se agravan con el proceso de divorcio. No es raro que el adolescente se sienta inseguro ante su propio futuro, y tenga miedo a fracasar si forma una familia igual que les pasó a sus padres4.

El tipo de trastornos que acompañan y siguen al divorcio, junto a las características previas de personalidad del niño, tienen en muchos casos un valor pronóstico respecto de la evolución posterior. Los trastornos afectivos en las niñas y los trastornos del comportamiento en los niños se correlacionan con lo que sucede hasta 8-10 años después15.

Cuando se estudian los factores etiopatogénicos implicados en la psicopatología se llega a la conclusión unánime de que el factor patógeno por excelencia es la conflictividad entre los padres, sobre todo si tiene un carácter prolongado y se acompaña de una situación de aislamiento social de la familia, que impide la intervención de otros adultos como mediadores de los conflictos16.

Asimismo, los múltiples cambios que siguen a la sentencia de divorcio son responsables, pueden contribuir al desencadenamiento de cuadros patológicos en los hijos. Estos cambios casi siempre son negativos, y afectan a ámbitos esenciales de la vida del niño, creando una gran inestabilidad y desadaptación. No es infrecuente el cambio de casa y de colegio, afectándose por tanto las relaciones con los compañeros, profesores y otros miembros de la familia; el descenso del nivel económico y las modificaciones en la organización de la casa, en los cuidados de los niños y en las relaciones sociales de la familia.

El cambio más trascendental para el hijo es, sin duda, su separación de uno de los padres. Si además se tiene en cuenta que el 80% de los padres divorciados se casa, y de estos un 60% se vuelve a separar y a casar, se comprende que el divorcio pueda ser para el niño el punto de partida de una sucesión interminable de matrimonios y divorcios, que le acompañará hasta su vida adulta17.

Efectos a largo plazo

Muchos adultos cuyos padres se separaron consideran que el divorcio ha tenido consecuencias negativas en su vida que se han prolongado hasta la edad adulta y que han condicionado su imagen personal, la estabilidad emocional, la percepción de las relaciones interpersonales y la capacidad para criar y educar a los propios hijos8.

Los estudios longitudinales a largo plazo se han convertido en una de las herramientas fundamentales de la psiquiatría para conocer la naturaleza de las enfermedades7,13. En el caso del divorcio, un acontecimiento biográfico tan impactante en la vida del sujeto y con una carga emocional tan compleja y demoledora, el seguimiento a lo largo del tiempo es una fuente de información y comprensión imprescindible.

Los trastornos emocionales de los niños coincidiendo con la separación de los padres encuentran su correlato en la vida adulta. Es frecuente que los adultos sufran sintomatología depresiva, conserven el sentimiento de haber sido abandonados, experimenten resentimiento y rencor hacia los padres y les reprochen no haber crecido en un hogar unido. Muchos han evolucionado hacia una visión conservadora de la vida, defienden la estabilidad del matrimonio por encima de todo y sienten horror a su propio divorcio, no sólo por las consecuencias que pueda tener para ellos, sino por las consecuencias que pueda tener para los hijos15.

La gran prevalencia de las separaciones y divorcios en los hijos de padres divorciados ha llevado a hablar de una transmisión generacional del divorcio. Resulta impactante constatar que el 60% de las mujeres y el 23% de los hombres que proceden de familias separadas acaba divorciándose15. Las mujeres se sienten inseguras frente a la experiencia del amor, con grandes dificultades para establecer relaciones interpersonales que supongan un compromiso profundo. Tienen el temor de ser traicionadas y optan por relaciones sexuales de breve duración18. Al mismo tiempo suelen casarse demasiado jóvenes.

En contraste con esta realidad, estas mujeres son rígidas en las relaciones emocionales y sociales, expresan y comparten los sentimientos con dificultad y tienen una visión conservadora de la vida, con actitudes hipercríticas hacia la libertad de costumbres del mundo actual que consideran excesiva. Es decir, viven una gran contradicción entre lo que sienten y desean y lo que sucede en su propia vida.

Factores protectores y de riesgo

La persistencia de los efectos negativos del divorcio plantea el estudio de posibles factores de protección y de riesgo de sufrir psicopatología11,16,20. De esta forma será posible poner en marcha medidas y programas encaminados a la prevención y al tratamiento (tabla 1).

Tabla 1. Factores protectores y de riesgo de psicopatología

Son factores de protección la buena relación con uno de los padres, el afecto paterno, el apoyo de familiares y amigos y mantener la relación con el padre ausente12,15,22.

En la tabla 1 se enumeran los factores que se consideran más relevantes y que con más frecuencia se recogen en la bibliografía. Otras circunstancias añadidas son la edad del niño, el sexo y las características temperamentales, la existencia de relaciones interpersonales gratificantes dentro y fuera de la familia, y las vicisitudes por las que pasarán estas relaciones con el tiempo. Constituyen también un elemento clave las características de la interacción familiar en la etapa previa al divorcio, los cambios vitales que experimenta la familia como consecuencia de la sentencia judicial y el mantenimiento de los conflictos a lo largo de los años.

La vulnerabilidad del niño frente al divorcio depende en gran parte de su capacidad para superar la crisis inicial. Los niños que no lo logran, y que en los años posteriores siguen sufriendo numerosos acontecimientos vitales y experiencias negativas, constituyen un grupo de riesgo.

La interiorización por parte del niño de la relación perturbada que mantienen los padres limita su capacidad para establecer relaciones íntimas y sentir afecto. Así lo cuentan cuando acuden a la consulta y tienen la posibilidad de hablar con una persona que es ajena a los conflictos familiares y que los comprende20.

El motivo por el cual los padres se separan y el modo en que los hijos conocen que los padres se van a separar son también fundamentales. Cuando los padres exponen a los hijos de forma paulatina, y de modo coherente y razonable las causas del divorcio, el efecto lesivo es mucho menor. Los hijos tienen que hacerse a la idea de los nuevos cambios que se avecinan y, en el caso de hijos mayores, el divorcio puede verse como un medio eficaz para disminuir los conflictos familiares. Cuando, además, se une la certeza de que no perderán al padre que se marcha, el resultado es aún mejor. Por el contrario, cuando los hijos descubren la noticia de forma súbita e inminente, el impacto emocional y el sentimiento de pérdida es más intenso.

Otro factor pronóstico muy importante es el cambio en el nivel económico. Aproximadamente, la mitad de los padres dejan de ayudar económicamente a los hijos tras la separación, con un marcado descenso de los ingresos familiares que exige el que la madre se ponga a trabajar, si no lo hacía, o que amplíe el horario de trabajo, introduciendo nuevos cambios en la organización de la familia y aumentando la sensación de inestabilidad de los hijos.

Los factores protectores más importantes para el niño, en medio de esta situación tan complicada, son las relaciones prolongadas de afecto con los padres, la baja conflictividad marital previa y posterior, y los mínimos cambios en el estilo de vida familiar. La capacidad de los padres para transmitir a los hijos sentimientos de afecto, seguridad, apoyo y compromiso mutuo son fundamentales. La existencia de una figura adulta, significativa, junto al niño, que representa apoyo y continuidad, es un factor clave para la estabilidad emocional. De hecho, los adultos que han superado los efectos deletéreos del divorcio de los padres, suelen contar en su biografía con una persona, el padre o la madre, con quien han mantenido una relación de comunicación y afecto15.

Medidas de prevención y tratamiento

Muchas familias necesitan asesoramiento y apoyo a lo largo del proceso de divorcio y algunas requieren tratamiento. Las 3 etapas fundamentales son: antes de la separación legal, durante la fase de crisis aguda de la separación y una tercera etapa posterior de reconstrucción de la vida familiar. Los aspectos relacionados con la custodia legal de los hijos tendrán enorme trascendencia.

Los hijos tienen que lograr de modo progresivo algunos objetivos prioritarios2,21:

— Reconocer la ruptura de los padres como algo real e ineludible, de lo que no son responsables, pero que ha pasado a formar parte de su vida. 

— Aceptar la ausencia de uno de los padres y renunciar a la idea de una familia modélica, unida y feliz.

— No dejarse implicar en la conflictividad parental y no actuar, por tanto, como intermediarios de los problemas.

— Superar los sentimientos de culpabilidad personal, y los sentimientos de cólera, resentimiento y reproche hacia los padres.

— Asumir la situación de divorcio como algo permanente y que no se va a resolver por la vía del milagro, o a costa de su sacrificio personal.

— Tener expectativas realistas respecto al establecimiento de nuevas relaciones que compensen de las pérdidas sufridas.

— Desarrollar un sentido adecuado de la identidad sexual.

El establecimiento de la custodia legal de los hijos suele ser uno de los temas problemáticos durante el proceso de divorcio, que da lugar a numerosos conflictos y somete a los niños a una situación de angustia e incertidumbre19,22. Los padres necesitan ayuda en este y en otros temas, sobre los que tienen que tomar decisiones difíciles, así como en su proceso de adaptación a la nueva relación con los hijos que la separación impone23. La separación por mutuo acuerdo, el asesoramiento a los padres y la atención y el tratamiento precoz de los problemas emocionales y de conducta de los hijos son medidas de prevención fundamentales de sufrir trastornos psiquiátricos en el momento de la separación y en la vida futura.


Bibliografía recomendada

American Academy Child and Adolescent Psychiatry:
Practice parameters for child custody evaluation.J Am Acad Child Adolesc Psychiatry. 1997; 36: 57S-67S.

La custodia de los hijos es uno de los temas más delicados en el proceso de divorcio. El artículo ofrece una guía clara de cómo se debe llevar a cabo la evaluación para tomar la decisión más conveniente para el niño y de los factores y circunstancias que deben tenerse en cuenta.

Bernet W, Ash DR, Malabar MJS.
Children of divorce. A practical guide for parents, therapists, attorneys and judges. Kriegr Publishing Company; 2007.

Bernet W, Ash DR, Malabar MJS.
Children of divorce. A practical guide for parents, therapists, attorneys and judges. Kriegr Publishing Company; 2nd Ed. 2007. 196 pp.

Guía práctica dirigida a los padres, médicos, psicólogos, abogados y jueces, aportando una visión global del proceso de divorcio y de los múltiples factores que entran en juego. Es un libro escrito con claridad y fundamento.

Kelly JB.
Children´s adjustment in conflicted marriage and divorce: A decade review of research. J Am Acad Child Adolesc Psych. 2000;39:963-73.

Revisión de los trabajos de investigación más interesantes publicados en revistas internacionales sobre el tema del divorcio.

Mardomingo MJ. Entorno familiar y psicopatología.
La armonía añorada. En: Mardomingo MJ, editor. Psiquiatría para padres y educadores. Ciencia y arte. Madrid: Narcea; 2008. p. 155-93.

Este capítulo sitúa la separación de los padres en un contexto más amplio en el que se analizan los cambios en la vida familiar acontecidos en las últimas décadas, el estrés que sufren los niños y sus efectos, los acontecimientos vitales que, como el divorcio, tienen una mayor carga lesiva para ellos y los modelos educativos vigentes.

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