Anales de Pediatría Continuada Anales de Pediatría Continuada
An Pediatr Contin. 2005;3:18-27. - Vol. 3 Núm.1 DOI: 10.1016/S1696-2818(05)74761-2

Sepsis en el recién nacido

José López-Sastrea, Belén Fernández-Colomerb

a Servicio de Neonatología. Hospital Universitario Central de Asturias. Oviedo. España. jlopezs@ya.com
b Servicio de Neonatología. Hospital Universitario Central de Asturias. Oviedo. España. bcolomer@arrakis.es

Artículo

Puntos clave

  • El estreptococo del grupo B (EGB) y la Escherichia coli son los causantes de más del 50% de las sepsis de transmisión vertical; el EGB es más frecuente en los niños con peso al nacimiento mayor de 1.500 g y E. coli en los menores de 1.500 g.
  • Con la implantación en nuestro país de las recomendaciones para la prevención de la infección perinatal por EGB se ha conseguido reducir la incidencia de estas infecciones en un 75%; la incidencia actual es inferior al 0,35¿.
  • El principal factor de riesgo para el desarrollo de una sepsis vertical es la presencia de gérmenes patógenos en el canal genital materno, y de forma indirecta, se consideran también factores de riesgo el parto prematuro espontáneo, la rotura prematura o prolongada de membranas y la presencia de corioamnionitis.
  • Las sepsis nosocomiales están causadas por gérmenes ubicados en los servicios de neonatología y son la principal causa de mortalidad evitable.
  • La sintomatología de las sepsis nosocomiales habitualmente se inicia después del tercer día de vida (sepsis tardía en la bibiliografía), pero se debe tener en cuenta que algunas sepsis verticales también pueden iniciar la sintomatología de forma tardía.

Lectura rápida

  • Concepto
  • Por razones de diferente epidemiología y tratamiento, las sepsis en el período neonatal deben clasificarse en verticales y nosocomiales y, por tanto, proponemos abandonar el criterio cronológico que las divide en precoces y tardías.
  • Sepsis vertical
  • El estreptococo del grupo B (EGB) es un germen que coloniza el tracto genital de la gestante y es el principal causante de las sepsis de transmisión vertical. En los últimos años se ha generalizado el tratamiento intraparto con penicilina para prevenir esta infección, lo que consigue reducir, de forma significativa, las sepsis causadas por EGB, sin que ello haya supuesto un aumento en el número de sepsis motivadas por gérmenes distintos del EGB.
  • El tratamiento empírico recomendado para estas infecciones es la asociación de ampicilina y gentamicina.
  • La mortalidad por sepsis vertical es inferior al 10%, aunque hay diferencias en relación con el peso del recién nacido. Para el EGB actualmente se ha conseguido reducir por debajo del 5%.
  • Sepsis nosocomial
  • Las sepsis nosocomiales están causadas por gérmenes ubicados en los servicios de neonatología (Staphylococcus epidermidis, Candida spp., Escherichia coli, Enterococcus y Klebsiella, los más frecuentes) y son la principal causa de muerte evitable, ya que si se cumplieran estrictamente las medidas de prevención frente a estas infecciones disminuiría de forma significativa su frecuencia y, por tanto, la mortalidad asociada.
  • Las causas del aumento de las sepsis en los RN de menos de 1.500 g son la inmadurez inmunológica, la mayor utilización de tecnología invasiva, el aumento de la población bacteriana patógena en las UCI y el mayor número de días de ingreso y, por tanto, de riesgo por día/paciente.
  • La clínica de las sepsis nosocomiales es similar a la descrita para las sepsis de transmisión vertical, pero se debe destacar que las sepsis por Candida spp. son más larvadas que las causadas por S. epidermidis son más frecuentes en RN prematuros que tienen colocado un catéter invasivo.
  • El diagnóstico se fundamenta en la presencia de sintomatología, hemograma alterado (leucopenia < 5.000/μl; trombocitopenia < 50.000/μl; relación neutrófilos inmaduros/maduros > 0,2; neutrófilos inmaduros/totales > 0,16), PCR superior a 10 mg/l y hemocultivo positivo.
  • En el caso de S. epidermidis, por ser un germen ubicuo y comensal, se requieren 2 hemocultivos.
  • Como terapia empírica se recomienda la utilización de ampicilina más gentamicina o cefotaxima. Si el RN es portador de un catéter invasivo, hay que sustituir la ampicilina por vancomicina o teicoplanina.
  • La principal medida para evitar la colonización y posterior infección del recién nacido es el lavado adecuado de las manos del personal sanitario antes de que entren en contacto con el niño.

Se entiende por sepsis neonatal la situación clínica derivada de la invasión y proliferación de bacterias, hongos o virus en el torrente sanguíneo del recién nacido (RN). Estos microorganismos patógenos inicialmente contaminan la piel y/o mucosas del RN y llegan al torrente circulatorio tras atravesar la barrera cutáneo-mucosa1,2.

Según el modo en que estos gérmenes colonizan al neonato, se deben diferenciar las sepsis de transmisión vertical1, que son causadas por gérmenes localizados en el canal genital materno y contaminan al feto por vía ascendente (progresando por el canal del parto hasta alcanzar el líquido amniótico), o por contacto directo del feto con secreciones contaminadas al pasar por el canal del parto; las sepsis de transmisión nosocomial3, que son producidas por microorganismos localizados en los servicios de neonatología (preferentemente en las unidades de cuidados intensivos [UCI] neonatales) y que colonizan al niño mediante el contacto del personal sanitario (manos contaminadas) o el material de diagnóstico y tratamiento contaminado (termómetros, fonendoscopios, sondas, catéteres, electrodos, etc.), y las sepsis comunitarias causadas por microorganismos que contaminan al RN en su domicilio y que son muy infrecuentes.

Las manifestaciones clínicas de la sepsis neonatal suelen ser inespecíficas2; puede objetivarse disminución de la actividad espontánea, inestabilidad de la temperatura (hipotermia o fiebre), dificultades para la alimentación (retención gástrica, regurgitaciones, reflejo de succión débil o abolido) y en el RN prematuro episodios de bradicardias, taquicardia o apneas. A medida que progresa la infección se acentúan las manifestaciones digestivas (vómitos, distensión abdominal, diarrea) y se inicia frecuentemente sintomatología cardiorrespiratoria (taquicardia, taquipnea, apneas, signos de distrés respiratorio) y neurológica (apatía, irritabilidad, convulsiones). En fases tardías de la infección predomina el aspecto de gravedad con disminución de la movilidad espontánea, hipotonía y aparición de ictericia, "aspecto séptico". En esta fase es posible objetivar manifestaciones de coagulopatía intravascular diseminada (CID) (petequias, equimosis, hemorragias mucosas) o de shock séptico (taquicardia, pulso débil, relleno capilar lento, hipotensión, etc.).

Sepsis de transmisión vertical

Se producen como consecuencia de la colonización del feto, antes (vía ascendente) o durante el parto, por gérmenes procedentes del tracto genital materno; por tanto, la presencia de gérmenes patógenos en el canal genital de la gestante es el principal factor de riesgo relacionado con estas infecciones4. Esta colonización genital materna está también relacionada con la aparición de rotura prematura de membranas amnióticas, corioamnionitis y parto prematuro5. En mujeres gestantes la detección de gérmenes patógenos en la vagina tiene una prevalencia variable que oscila entre el 10-30% en Estados Unidos6 y el 10-18% en España7,8, y la mejor manera de predecir el estado de colonización vaginal en el momento de parto es el análisis del exudado vaginorrectal en las 5 semanas previas al mismo (entre las 35 y las 37 semanas de gestación).

La sintomatología de la sepsis de transmisión vertical suele iniciarse en los primeros 3 días de vida y, por ello, en la bibliografía se conocen como sepsis de inicio precoz9. Sin embargo, este criterio diagnóstico no está exento de errores, pues en algunas sepsis de transmisión vertical los síntomas aparecen después de los primeros 3 días de vida y siguiendo este criterio cronológico no serían consideradas como tales. Por otra parte, algunas sepsis de transmisión nosocomial inician la clínica en la primera semana de vida y por este mismo motivo se clasificarían falsamente como de transmisión vertical. Por ello, consideramos más correcto clasificar las infecciones según su mecanismo de transmisión y no según el momento de aparición de los síntomas, con lo que se evita mezclar infecciones de distinta patogenia, etiología y tratamiento4.

La epidemiología de las sepsis de transmisión vertical en nuestro país está siendo estudiada por el Grupo de Hospitales Castrillo desde el año 1996 en más de 600.000 RN1. Durante estos años de estudio se ha encontrado una reducción significativa en la incidencia global, que pasó del 2,4‰ en el año 1996 al 1,06‰ en el año 2003 (odds ratio [OR] = 0,27 [rango, 0,34-0,55]; p < 0,0001) (fig. 1), que se ha relacionado con la aparición y difusión de las recomendaciones para la prevención de la infección perinatal por estreptococo del grupo B (EGB)10.

La incidencia de estas infecciones presenta variaciones significativas según el peso al nacimiento, pues son más frecuentes en los neonatos con un peso al nacimiento inferior a 1.500 g, que en los de peso superior (el 15,7 frente al 0,8‰ en el año 2003 en el Grupo de Hospitales Castrillo) y esta diferencia se mantiene a lo largo del estudio (fig. 1). Por otro lado, aunque la tasa de infecciones en niños con un peso superior a 1.500 g ha disminuido de forma significativa, en los de peso inferior a 1.500 g, a pesar de las variaciones anuales, permanece estable (fig. 1).

Figura 1. Incidencia evolutiva (por 1.000 recién nacidos vivos) global y por grupos de peso de las sepsis de transmisión vertical en el Grupo de Hospitales Castrillo.

La etiología de las sepsis verticales es fundamentalmente bacteriana, pues las sepsis por hongos y virus suponen menos del 1% de los casos. Las bacterias más frecuentemente implicadas son Streptococcus agalactiae o EGB y Eschericha coli. En relación con el peso al nacimiento, el EGB es más frecuente en niños de más de 1.500 g y E. coli en niños de menos de 1.500 g. Otros gérmenes implicados en las sepsis verticales, aunque más infrecuentes, son Enterococcus faecalis, otros Streptococcus y Lysteria monocytogenes, dentro de los grampositivos, y Klebsiella, Haemophilus influenzae y Enterobacter dentro de los gramnegativos (tabla 1).

Al igual que la incidencia y en relación con la utilización de profilaxis frente a la infección perinatal por EGB, la etiología también ha tenido variaciones en estos últimos años, de manera que si en los años ochenta y noventa las bacterias grampositivas eran causantes de más del 75% de las infecciones verticales, actualmente su implicación etiológica ha descendido a casi el 50%10,11. En concreto, el principal germen causante de estas infecciones, el EGB, ha pasado en nuestro país de una incidencia del 1,25‰ en 1996 al 0,31‰ en 2003 en la serie del Grupo de Hospitales Castrillo (OR = 0,25 [rango, 0,16-0,38]; p < 0,0001) (fig. 2), y en algunas zonas de España llega a cifras inferiores al 0,3‰12.

Por otro lado, en este estudio de seguimiento epidemiológico, al igual que en otros estudios multicéntricos, las sepsis por E. coli (debido a la reducción anual del número total de casos de sepsis, tabla 1) mantienen una incidencia por 1.000 RN estable13-15, en torno al 0,3‰ (fig. 2), si bien en algunas series internacionales se describe un aumento de la incidencia de estas infecciones16,17, circunstancia que parece quedar limitada a la población de niños con peso al nacimiento menor de 1.500 g16-19.

Figura 2. Evolución de las sepsis verticales por estreptococos del grupo B (EGB) y Escherichia coli (E. coli) (por 1.000 recién nacidos vivos) en el Grupo de Hospitales Castrillo.

Puesto que la clínica de la sepsis neonatal es inespecífica y en ocasiones los niños, sobre todo los prematuros, pueden permanecer inicialmente asintomáticos, la sospecha diagnóstica se puede fundamentar en la presencia de "factores riesgo de infección de transmisión vertical". Como es lógico, el principal factor de riesgo es la presencia de bacterias patógenas en el canal genital materno y de forma indirecta se consideran factores de riesgo la objetivación de las circunstancias derivadas de la presencia de estas bacterias patógenas en el canal genital, como son el parto prematuro espontáneo, la rotura prematura y/o prolongada de membranas (más de 18 h antes del parto) y/o la presencia de corioamnionitis, que puede sospecharse por la aparición de fiebre materna, dolor abdominal bajo o líquido amniótico maloliente.

Además, el antecedente de bacteriuria materna (sintomática o asintomática) por EGB durante la gestación (probablemente como expresión de una intensa colonización materna), así como el diagnóstico previo de un hermano con sepsis por EGB, son considerados también factores de riesgo de transmisión vertical, pues en ambas situaciones se interpreta que la madre presenta un déficit de anticuerpos específicos frente a este germen y, por tanto, el RN tendrá menos defensas específicas heredadas y será más sensible a este tipo de infecciones20.

Para la confirmación diagnóstica de sepsis vertical han de concurrir los siguientes criterios1: clínica de sepsis, hemograma alterado (número de leucocitos aumentado o disminuido, índice de neutrófilos inmaduros/maduros superior a 0,2 o de inmaduros/totales superior a 0,16, trombocitopenia, etc.), proteína C reactiva (PCR) superior a 10 mg/l y hemocultivo positivo a germen patógeno. En el caso de que la clínica se inicie después del tercer día de vida, para confirmar el diagnóstico de sepsis de transmisión vertical se requiere que el hemocultivo sea positivo a germen típico de transmisión vertical (EGB, E. coli), que haya factores de riesgo de transmisión vertical y/o que se aísle el mismo germen en el exudado vaginal materno. La situación que cursa con clínica de sepsis, hemograma y PCR alterados, aislamiento de EGB en el exudado vaginal materno y en los exudados de superficie tomados al RN, pero con hemocultivo negativo, se define como sepsis vertical clínica1.

El tratamiento se debe iniciar ante la simple sospecha de sepsis vertical (terapéutica empírica) con ampicilina y gentamicina, cuyo espectro cubre los principales gérmenes implicados en estas infecciones2. Si se sospecha la existencia de meningitis asociada, se iniciará el tratamiento con ampicilina y cefotaxima a las dosis indicadas en la tabla 2. Una vez confirmada la sepsis con el hemocultivo, el tratamiento antibiótico se debe fundamentar en el antibiograma. Además del tratamiento con antibióticos, se ha de realizar una terapéutica de soporte que con frecuencia es compleja (dieta absoluta, ventilación mecánica en caso de apnea, fármacos vasoactivos si el RN presenta hipotensión o shock, diuréticos o hemofiltración si hay insuficiencia renal, etc.). La duración del tratamiento no debe ser inferior a 10 días; no obstante, en nuestra experiencia este tiempo podría acortarse basándose en la monitorización evolutiva de la PCR, de manera que podrían suspenderse los antibióticos cuando se obtuvieran 2 valores normales (< 10 mg/l) separados al menos por 48 h.

Figura 2. Evolución de las sepsis verticales por estreptococos del grupo B (EGB) y Escherichia coli (E. coli) (por 1.000 recién nacidos vivos) en el Grupo de Hospitales Castrillo.

La mortalidad en la experiencia del Grupo de Hospitales Castrillo se ha mantenido estable aunque con cierta tendencia decreciente; oscila entre el 8,7% en 1996 y el 5,3% en 2003, con diferencias significativas en relación con el peso al nacimiento, y es superior al 25% en los niños menores de 1.500 g1,9. En relación con el germen causal, en general tienen una mortalidad más elevada las sepsis ocasionadas por gérmenes gramnegativos que las producidas por los grampositivos1. La mortalidad asociada a las infecciones causadas por EGB es actualmente inferior al 5%10,12,21.

Durante los años ochenta, diversos ensayos clínicos, realizados para buscar estrategias de prevención frente a estas infecciones, demostraron que la administración de antibióticos en el momento del parto a la madre colonizada por EGB era capaz de prevenir la enfermedad invasiva neonatal y que el cultivo rectovaginal realizado entre las 35-37 semanas de gestación podía identificar a estas mujeres susceptibles de profilaxis22. La culminación de estos estudios y de los esfuerzos colaborativos de los distintos estamentos sanitarios norteamericanos fue la publicación, en 1996, de las recomendaciones para la prevención de la enfermedad perinatal por EGB, consensuadas por el American College of Obstetricians and Ginecologists, la American Academy of Pediatrics y el Center for Disease Control23 y que han sido recientemente revisadas24. El resultado de la implantación de este programa de prevención en Estados Unidos fue la reducción del 65% (de 1,7 por 1.000 RN vivos en 1993 a 0,6 por 1.000 RN en 1998) en la incidencia de infecciones neonatales precoces por EGB21.

En nuestro país, las recomendaciones para la prevención de la infección perinatal por EGB, consensuadas por las Sociedades de Obstetricia y Ginecología y Neonatología y avaladas por las Sociedades de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica y de Quimioterapia, fueron publicadas en 199825, aunque si bien algunos hospitales ya empleaban medidas de prevención frente al EGB anteriormente, su generalización se produjo en los 2 años siguientes a la publicación de estas normas de consenso. Como ya hemos descrito, su implantación en nuestro país ha supuesto una reducción significativa del 55% en las sepsis verticales y del 75% en las sepsis por EGB. Estas pautas de prevención también se han revisado recientemente26 entre las que destacan los siguientes puntos: recomendación de realizar un cultivo vaginal y rectal a todas las gestantes entre las semanas 35 y 37 de gestación, el estudio debe repetirse si han pasado más de 5 semanas desde su realización hasta el parto (disminuye el valor predictivo dada la naturaleza intermitente de la colonización); y se recomienda la profilaxis antibiótica intraparto en las siguientes situaciones:

1. Todas las mujeres identificadas como portadoras vaginales o rectales de EGB en un cultivo practicado durante las 5 semanas previas al parto.

2. Todas las mujeres en que se detecte EGB en la orina durante la gestación, independientemente del resultado del cultivo vaginal o rectal si éste se ha realizado.

3. Todas las gestantes que previamente hayan tenido un hijo con infección neonatal por EGB, con independencia del resultado del cultivo vaginal o rectal si se ha realizado.

4. Todos los partos en los que se desconozca el estado de portadora y exista rotura de membranas superior a 18 h o fiebre intraparto (38 °C o más) o se produzcan antes de la semana 37 de gestación.

La profilaxis intraparto no está indicada en los siguientes casos:

1. Cultivo vaginal y rectal negativo frente a EGB en la presente gestación (en un cultivo practicado durante las 5 semanas previas al parto), aunque haya factores de riesgo y los cultivos hayan sido positivos en un embarazo anterior.

2. RN a término sin factores de riesgo en el caso (no deseable y que debe ser excepcional) de que se desconozca el estado de portadora de la madre.

3. Cesárea programada con cultivo positivo a EGB sin comienzo del parto y con membranas íntegras.

Para la profilaxis se recomienda emplear como primera alternativa penicilina G por vía intravenosa, 5 millones de unidades como dosis inicial al comienzo del parto y repetir 2,5 millones de unidades cada 4 h hasta su finalización. Cuando no se disponga de penicilina, la alternativa sería administrar 2 g de ampicilina por vía intravenosa al comienzo del parto y repetir 1 g cada 4 h hasta su finalización. En caso de alergia a betalactámicos, se debe administrar 900 mg/8 h de clindamicina por vía intravenosa o 500 mg/6 h de eritromicina por vía intravenosa hasta la finalización del parto.

Sepsis de transmisión nosocomial

Son causadas por gérmenes presentes en los servicios de neonatología (especialmente en las UCI neonatales) y, por tanto, los factores de riesgo que favorecen su aparición serían los siguientes4,27:

1. La sobreutilización de antibióticos y la insuficiencia de personal sanitario que haga difícil seguir los protocolos de limpieza, lo que conlleva la permanencia y la difusión de bacterias patógenas en detrimento de las bacterias saprofitas.

2. Aunque existan bacterias patógenas en el ambiente, tienen que ser transportadas al RN para producir contaminación de la piel y las mucosas y, por tanto, el lavado y la desinfección insuficientes de las manos son las principales causas de contaminación, pero también tiene importancia la utilización de material de diagnóstico y tratamiento (termómetros, fonendoscopios, sondas, incubadoras, etc.) insuficientemente desinfectado. En la contaminación de la mucosa respiratoria, los factores de riesgo más importantes son la intubación intratraqueal, las aspiraciones intratraqueales y la utilización de respiradores. En la contaminación de la mucosa digestiva, los factores de riesgo más importantes son la utilización de sondas nasogástricas inadecuadamente desinfectadas, la utilización de tetinas de biberones contaminadas y el empleo de fórmulas nutricionales elaboradas sin la debida limpieza.

3. Una vez que el RN se contamina con bacterias patógenas, éstas pueden dividirse de forma logarítmica y atravesar la barrera cutáneo-mucosa e invadir el torrente circulatorio. En este sentido, las punciones venosas y arteriales, y sobre todo la utilización de catéteres invasivos para perfundir alimentación por vía intravenosa, son factores de primer orden que favorecen la llegada de bacterias a la sangre.

4. Una vez que se produce la invasión del torrente circulatorio, las bacterias se dividen de forma logarítmica y la aparición de infección dependerá de sus características (más facilidad con Staphylococcus epidermidis, E. coli, Candida spp.) y de las defensas del RN, que en el caso de ser prematuro estarán deprimidas (menos inmunoglobulina G, complemento y citocinas, menor capacidad de movilización de los neutrófilos y macrófagos, etc.)2,28.

La frecuencia de las sepsis nosocomiales en las series publicadas es muy diversa, ya que unas refieren la incidencia sólo en RN de menos de 1.500 g29, otras a RN ingresados en UCI30,31, la mayoría no incluyen las sepsis nosocomiales en niños todavía ingresados, pero que tienen más de un mes de edad29,31 y, por último, la identificación de sepsis nosocomiales como de comienzo tardío (más de 3 o de 7 días de vida)28,32 motiva la exclusión de las que inician la sintomatología en los primeros 3-7 días de vida y la inclusión de las sepsis verticales tardías (que comienzan la sintomatología después del tercer día de vida)3,4. Teniendo en cuenta estas diferencias y para conocer la frecuencia real de las sepsis en los servicios de neonatología, en el Grupo de Hospitales Castrillo se analizó la frecuencia incluyendo las sepsis nosocomiales de todos los RN ingresados independientemente del peso al nacimiento, dónde estuvieron ingresados (UCI neonatal, unidades de cuidados intermedios...) y la edad (incluidas las sepsis que se inician en niños de más de 28 días pero que todavía están ingresados en neonatología).

En este estudio3 las sepsis que iniciaban la clínica después del tercer día de vida fueron consideradas nosocomiales y únicamente se consideraban verticales tardías, y por tanto no se incluían, cuando el patógeno aislado en la sangre era considerado como habitual de transmisión vertical (EGB, E. coli) y además se aislaba en exudado vaginal materno y/o en 3 o más exudados periféricos del RN tomados durante el primer día de vida. Las sepsis que iniciaban la clínica en los primeros 3 días se consideraban verticales y para incluirlas como nosocomiales precoces éramos muy estrictos y se exigía que el mismo germen patógeno aislado en la sangre fuera también aislado en material de diagnóstico y tratamiento, o en el personal sanitario en contacto con el RN durante los primeros 2 días de vida. Teniendo en cuenta todas las premisas anteriores, en un total de 30.993 RN ingresados se diagnosticaron 730 sepsis (2,3%) en 662 RN (2,1%); por tanto la frecuencia de sepsis fue del 2,1% y la frecuencia por 1.000 días de ingreso de 0,893 (tabla 3). Es importante destacar que la frecuencia fue más alta en los RN de menos de 1.500 g (el 15,6 frente al 1,16%) y en los RN ingresados en hospitales de tercer nivel (tabla 3).

La comparación con los datos de la bibiliografía es difícil debido a los diferentes criterios de inclusión. Así Hentschel et al33 citan una frecuencia del 5,4% y una ratio de 0,3 por 1.000 días de ingreso (no excluyen las sepsis verticales de comienzo tardío). Mullet et al32 refieren una frecuencia del 3,3% (no incluyen las sepsis nosocomiales de los primeros 7 días de vida, 132 casos [18%] en nuestra casuística). Como era de esperar, el bajo peso fue el factor de riesgo más importante. Así Brodie et al34 refieren una frecuencia del 19% en neonatos de menos de 1.500 g; Stoll et al29, del 24,5%, y Mullett et al32, del 23,3%, pero en todos los casos no se excluyen las sepsis verticales de comienzo tardío. Las causas del aumento de las sepsis en los RN de menos de 1.500 g son la inmadurez inmunológica, la mayor utilización de tecnología invasiva (tabla 3), el aumento de la población bacteriana patógena en las UCI y el mayor número de días de ingreso y, por tanto, de riesgo por día/paciente.

La etiología de la sepsis en el Grupo de Hospitales Castrillo3 fue similar a la referida en otras series28,31,35; destacan S. epidermidis (42%), Candida spp. (11,5%), E. coli (7,8%), Enterococcus (7,7%) y Klebsiella (7%) (tabla 4). Los RN de ≥ 1.500 g tenían mayor frecuencia de sepsis causadas por E. coli y Enterobacter (p < 0,05) (tabla 4) y los RN de menos de 1.500 g, de Candida spp. (p < 0,01)3 (tabla 4).

La clínica de las sepsis nosocomiales es similar a la descrita para las sepsis de transmisión vertical, pero se debe destacar que las sepsis por Candida spp. son de sintomatología más superpuesta y de progresión más lenta, y que las causadas por S. epidermidis son más frecuentes en RN prematuros que tienen colocado un catéter invasivo3.

El diagnóstico se fundamenta en la presencia de sintomatología, hemograma alterado (leucopenia < 5.000/μl; trombocitopenia < 50.000/μl; relación neutrófilos inmaduros/maduros > 0,2; neutrófilos inmaduros/totales > 0,16), PCR superior a 10 mg/l y hemocultivo positivo (se recomienda extraer un mínimo de 1 ml de sangre)3. En el caso de S. epidermidis, por ser un germen ubicuo y comensal en la piel del RN, puede contaminar la sangre en el momento de la extracción; por ello, para considerarlo como causante de infección se requieren 2 extracciones periféricas diferentes con positividad en ambas o en una extracción periférica y en punta de catéter invasivo al retirarlo3. En RN prematuros en los que haya mucha dificultad para realizar 2 extracciones sanguíneas, se puede aceptar una sola punción periférica con toma de sangre con 2 equipos de extracción y siembra en 2 botellas, y que luego se aísle en ambas el mismo S. epidermidis (similar antibiograma)3. En los casos dudosos entre contaminación e infección, se puede recurrir a técnicas moleculares para identificar los tipos patógenos36.

El tratamiento se fundamenta en la utilización inmediata de antibióticos en presencia de sospecha de sepsis (terapia empírica), para después dirigir el tratamiento antibiótico según el resultado del antibiograma realizado con las bacterias aisladas en el hemocultivo3. Como terapia empírica recomendamos la utilización de ampicilina más gentamicina o cefotaxima (según la epidemiología del servicio), y en caso de RN con catéter invasivo, sustituir la ampicilina por vancomicina o teicoplanina a las dosis indicadas en la tabla 21-3. Es importante destacar que en las sepsis por Candida spp. en un niño portador de catéter invasivo se debe retirar el catéter y no colocar otro hasta que no se complete un mínimo de 4 días de tratamiento con anfotericina B (convencional, liposomal o asociada a complejo lipídico)37.

Como en el caso de las sepsis verticales, el tratamiento de soporte puede ser complejo (sustancias vasoactivas, ventilación mecánica, hemofiltración, etc.)1. Entre otras medidas terapéuticas, la utilización de inmunoglobulinas por vía intravenosa ha sido recientemente analizada por la base de datos Cochrane y se ha demostrado no eficaz38; se ha demostrado que la terapéutica con factor estimulante de las colonias de granulocitos o con factor estimulante de las colonias de granulocitos y macrófagos disminuye la mortalidad en RN con sepsis y leucopenia39, pero se aconseja realizar más ensayos clínicos para generalizar la utilización de esta terapéutica39.

El diagnóstico prenatal con la indicación de aborto en los supuestos legales ha motivado que nazcan menos niños malformados y que, por tanto, haya menos mortalidad neonatal por esta causa; por otra parte, los adelantos técnicos han hecho disminuir la mortalidad de los RN de muy bajo peso. Por estos motivos, en la actualidad, las infecciones nosocomiales son la primera causa de mortalidad en los servicios de neonatología4.

En el estudio epidemiológico del Grupo de Hospitales Castrillo se registraron 78 fallecimientos en 662 RN con sepsis (el 11,8%; tabla 5) y los siguientes subgrupos tuvieron una mortalidad más alta (p < 0,001; tabla 5): RN de ≤ 1.500 g (el 17,3 frente al 6,5%); RN ≤ 1.500 g durante el primer mes de vida (el 16,9 frente al 6,2%), pero no hubo diferencias después de esta edad (tabla 5); las sepsis causadas por S. epidermidis tuvieron menos mortalidad en comparación con el conjunto de sepsis debidas a otros patógenos (el 5,5 frente al 14,2%; p < 0,001) (tabla 5), y las sepsis causadas por Pseudomonas evidenciaron más mortalidad (el 33 frente al 9,4%; p < 0,001). La mortalidad más alta en los RN de menos de 1.500 g y menos de 28 días de vida con sepsis fue referida en las series publicadas como debida a las menores defensas biológicas en este grupo de niños2,40,41; por este motivo los RN de ≤ 1.500 g. que tienen más de 28 días de vida no tienen más mortalidad que los RN de más de 1.500 g de peso al nacer, debido a que las defensas ya han madurado3.

Profilaxis

Teniendo en cuenta la frecuencia y mortalidad de las infecciones nosocomiales es lógico realizar los máximos esfuerzos para evitarlas. En este sentido, los protocolos de diagnóstico que permitan evitar la utilización de antibióticos en casos dudosos42,43, la implantación y el seguimiento de protocolos de limpieza y esterilización del material de diagnóstico y tratamiento27,42,43 y conseguir un número adecuado de personal sanitario y una infraestructura suficiente44 son medios que previenen el sobrecrecimiento y la permanencia de gérmenes patógenos27,42-44. Para evitar la contaminación del RN por los gérmenes patógenos la medida más eficaz es el lavado adecuado de las manos antes de entrar en contacto con el neonato27,42-44 y la utilización de material de diagnóstico y tratamiento limpio y estéril. La invasión del torrente circulatorio se ve dificultada si se favorece la instauración temprana de alimentación enteral42,43, lo que conlleva menos días de alimentación por vía intravenosa42,43 y en la utilización de técnicas estériles para la colocación de catéteres invasivos y para el manejo de sus conexiones y llaves45,46.

Aunque todas las medidas anteriores son muy importantes, no serán suficientemente efectivas si no se convence a todo el personal sanitario de que las infecciones nosocomiales pueden y deben ser evitadas; para incentivarlo en la consecución de este objetivo, deben realizarse sesiones periódicas acerca de las infecciones nosocomiales, cómo se transmiten y de qué medios disponemos para evitarlas4, y también se debe analizar en sesiones conjuntas con todo el personal sanitario las infecciones nosocomiales habidas en los últimos 3-6 meses y discutir los posibles factores epidemiológicos que han podido contribuir a la infección4. Aplicando estos criterios en un estudio prospectivo multicéntrico, Kilbride et al43 han disminuido las sepsis nosocomiales del 24,6 al 16,4%43.

Bibliografía recomenda

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Completa revisión de los principales estudios multicéntricos acerca de las infecciones neonatales de inicio precoz, analizando la influencia de la profilaxis intraparto en la epidemiología de estas infecciones.

Prevención de la infección perinatal por estreptococo del grupo B. Recomendaciones españolas revisadas. Enferm Infecc Microbiol Clin. 2003;21:417-23.
Actualización de las recomendaciones españolas para la profilaxis de las infecciones perinatales por EGB consensuada por las sociedades de Obstetricia y Ginecología, Neonatología, Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, Quimioterapia y Medicina Familiar y Comunitaria.

López Sastre JB, Coto Cotallo GD, Fernández Colomer B. Neonatal sepsis of nosocomial origin: an epidemiological study from the "Grupo de Hospitales Castrillo". J Perinat Med. 2002;30:149-57.
Los autores, basándose en criterios epidemiológicos, diferencian las sepsis del recién nacido (RN) en verticales y nosocomiales y no utilizan los criterios cronológicos de sepsis de comienzo precoz y tardío. En este estudio el peso al nacimiento menor de 1.500 g fue el factor de riesgo más importante; los gérmenes más frecuentemente implicados fueron Staphylococcus epidermidis, Candida spp., Escherichia coli, Enterococcus y Klebsiella, y la mortalidad fue significativamente más alta en los RN con peso menor de 1.500 g y menos de 28 días de vida y en las sepsis por Pseudomona.

Kilbride HW, Wirtschafter DD, Powers RJ, Sheehan MB. Implementation of evidence-based potentially better practices to decrease nosocomial infections. Pediatrics. 2003;111:519-33.
Los autores proponen en 6 unidades de cuidados intensivos (UCI) neonatales la implantación de normas y protocolos para disminuir las infecciones nosocomiales, fundamentalmente las siguientes: aplicar criterios rigurosos y consensuados en el diagnóstico de sepsis para así disminuir la utilización de antibióticos en la falsa sospecha de sepsis; favorecer la alimentación enteral temprana para disminuir los días de alimentación por vía intravenosa; considerar la colocación y el manejo de catéteres invasivos como una técnica quirúrgica que requiere la máxima asepsia y, por último, convencer al personal sanitario que las sepsis nosocomiales y las defunciones que causan son evitables. Con estos criterios consiguieron reducir las infecciones nosocomiales del 24,6% en 1997 al 16,4% en 2000.

Schrag S, Gorwitz R, Fultz-Butts K, Schuchat A. Prevention of perinatal group B streptococcal disease. Revised guidelines from CDC. MMWR Recomm Rep. 2002;51:1-22.
Revisión completa y actualizada de la infección perinatal por EGB, con las nuevas recomendaciones para la prevención de estas infecciones.

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