Anales de Pediatría Continuada Anales de Pediatría Continuada
An Pediatr Contin. 2006;4:265-72 - Vol. 4 Núm.5 DOI: 10.1016/S1696-2818(06)73624-1

Trasplante pulmonar

Antonio Moreno a, Santos Liñán a, Claudia Marhuenda b

a Unidad de Neumología Pediátrica y Fibrosis Quística. Hospital Vall d'Hebron. Barcelona. España.
b Servicio de Cirugía Pediátrica. Hospital Vall d'Hebron. Barcelona. España.

Artículo

Puntos clave

  • Las principales indicaciones para realizar un trasplante pulmonar en niños son: fibrosis quística, hipertensión pulmonar y neumopatías intersticiales.
  • Se debe contactar con el equipo de trasplante pulmonar de forma precoz, antes de que el deterioro del paciente sea demasiado avanzadoy no le permita sobrevivir el tiempo que tiene que permanecer en lista de espera.
  • Para realizar un trasplante pulmonar es necesaria la compatibilidad ABO entre donante y receptor.
  • El tipo de trasplante que se realiza habitualmente en los niños es el trasplante bipulmonar secuencial.
  • La complicación que limita más la supervivencia a largo plazo de los niños es la bronquiolitis obliterante.
  • La supervivencia alcanzada con el trasplante pulmonar en los niños (el 55-70% a los 5 años, y el 40% a los 10 años), así como la notabale mejoría que se produce en su calidad de vida, lo convierten hoy día en una opción real para los niños con enfermedad pulmonar terminal.

Lectura rápida

  • El trasplante pulmonar es una opción terapéutica real para los niños con enfermedad pulmonar crónica en fase terminal
  • Indicaciones
  • Las indicaciones generales para el trasplante pulmonar son: insuficiencia respiratoria progresiva con una expectativa de supervivencia corta, menor de 1-2 años, agotamiento de otras medidas terapéuticas, ausencia de otra enfermedad grave, capacidad para cumplir un régimen terapéutico complejo, un ambiente social adecuado, y deseos por parte de la familia o el niño de aceptar el riesgo del trasplante.
  • Las indicaciones más frecuentes para el trasplante pulmonar en niños son la fibrosis quística en los niños mayores y las neumopatías intersticiales y enfermedad vascular pulmonar (hipertensión pulmonar) en los niños pequeños.
  • Selección del paciente
  • Para incluir un niño en lista de espera de trasplante hay que considerar las expectativas de supervivencia, la calidad de vida y el tiempo que se prevé que el paciente permanecerá en lista de espera.
  • En los niños con fibrosis quística se considera de forma conjunta una serie de variables: volumen espiratorio forzado en el primer segundo (FEV1) inferior al 30%, deterioro rápido de la función pulmonar, desnutrición refractaria, hipoxemia, hipercapnia. Además, es esencial tener en cuenta la calidad de vida de los niños: capacidad para tomar parte en las actividades diarias (ir al colegio, relaciones sociales), tolerancia al ejercicio, tiempo que pasan ingresados en el hospital, requerimientos de oxígeno y tratamientos antibióticos.
  • En los niños con hipertensión pulmonar se consideran los siguientes criterios: clase funcional III o IV, poca tolerancia al ejercicio (recorrer menos de 350 m en la prueba de caminar 6 min), síncopes no controlados, hemoptisis o fallo ventricular derecho, y algunos parámetros hemodinámicos (presión media de la aurícula derecha > 15 mmHg, e índice cardíaco < 2 l/min/m2).
  • Muchos de los criterios estándares de exclusión en los programas de trasplante pulmonar de adultos, como la ventilación mecánica, la toracotomía previa y el tratamiento con corticoides, no son aplicables del mismo modo en los niños, y no representan una contraindicación absoluta para el trasplante.
  • Órgano donante
  • La escasez de órganos donantes es uno de los determinantes principales para la realización de trasplantes de órganos sólidos. El problema de la escasez de órganos es mayor en el caso del pulmón, dado que sólo en un 15-20% de los donantes multiórgano se consigue utilizar los pulmones. Para la realización del trasplante se requiere la compatibilidad ABO y una diferencia de tamaño de los pulmones del donante respecto a los del receptor inferior al 25%.
  • Tipos y técnicas del trasplante
  • Hay varias modalidades de trasplante pulmonar: unipulmonar, bipulmonar, lobar y cardiopulmonar. En los niños la opción preferida es el trasplante bipulmonar secuencial. El trasplante cardiopulmonar se reserva para los pacientes con una enfermedad vascular pulmonar asociada a cardiopatía congénita no corregible, y para los casos en que se ha producido un fallo ventricular izquierdo.
  • Inmunosupresión
  • Los niños trasplantados de pulmón reciben una inmunosupresión triple que incluye corticoides, tacrolimus o ciclosporina, y azatioprina o micofenolato.
  • Complicaciones
  • Las principales complicaciones del trasplante en la fase precoz son: el fallo primario del injerto, el rechazo agudo, las infecciones y los problemas de las suturas bronquiales. En la fase tardía la complicación más importante es la bronquiolitis obliterante o rechazo crónico, que representa la principal limitación para la supervivencia a largo plazo de los niños. Se debe vigilar de forma especial en los niños pequeños la aparición de un posible síndrome linfoproliferativo, y en los adolescentes el cumplimiento terapéutico.
  • Pronóstico y supervivencia
  • Tras el trasplante pulmonar se produce una mejoría muy importante en la calidad de vida de los niños trasplantados. El 90% de los niños no tienen ninguna limitación en su actividad a los 3 años del trasplante. La supervivencia de los niños trasplantados de pulmón es del 55-70% a los 5 años del trasplante, según las series, y del 40% a los 10 años del trasplante. Los avances alcanzados en los últimos años en las técnicas quirúrgicas y la inmunosupresión hacen que el trasplante pulmonar en los niños sea hoy una realidad. El reto actual es el incremento de la supervivencia a largo plazo y la disminución de la incidencia de rechazo crónico.

El trasplante pulmonar ha pasado de ser un procedimiento experimental a una opción terapéutica real para los niños con enfermedades pulmonares en fase terminal.

En la última década ha mejorado considerablemente la evolución y el pronóstico de los niños trasplantados de pulmón1, con avances importantes en la técnica del trasplante, la preservación de los órganos, el manejo perioperatorio y la inmunosupresión.

En España el primer trasplante pulmonar realizado en pacientes adultos se llevó a cabo en 1990, y el primer trasplante pediátrico en 19962. El número total de trasplantes pulmonares anuales ha aumentado progresivamente desde los 6 practicados en 1990 hasta los 167 del año 2005, lo que representa un total de 1.4723,4. El número de trasplantes pediátricos y el de niños en lista de espera corresponde aproximadamente a un 5% de esta cifra, dato comparable a lo que ocurre en Estados Unidos3,5. Según los datos del registro internacional, en el mundo se realizan entre 60 y 90 trasplantes pulmonares al año en niños6.

Indicaciones

Las indicaciones generales para el trasplante pulmonar son: insuficiencia respiratoria progresiva con una expectativa de supervivencia corta (en general menor de 1-2 años), agotamiento de otras medidas terapéuticas, ausencia de otra enfermedad grave, capacidad para cumplir un régimen terapéutico complejo, un ambiente social adecuado, y deseos por parte de la familia o el niño de aceptar el riesgo del trasplante.

La fibrosis quística es la indicación más frecuente para el trasplante pulmonar en los niños a partir de los 8-10 años de edad7. Representa en el registro internacional el 36% de los trasplantes en el grupo de edad entre 1 y 10 años, y el 72% en los niños entre 11 y 17 años6. El siguiente grupo de afecciones para las que está indicado el trasplante pulmonar son las enfermedades vasculares pulmonares (hipertensión pulmonar) y las neumopatías intersticiales crónicas. En los niños menores de 3 años, beneficiarios en algunos centros del 20% de los trasplantes realizados, las indicaciones principales son las enfermedades vasculares pulmonares (54%) y las neumonitis intersticiales del lactante (35%)8,9 (tabla 1).

Selección del paciente

Una de las decisiones más complicadas a que se enfrentan los equipos de trasplante es valorar el momento adecuado para incluir a un niño con una enfermedad pulmonar crónica en lista de espera de trasplante. Hay que considerar cuatro factores principales: las expectativas de supervivencia, la calidad de vida, el fracaso de otras alternativas terapéuticas y el tiempo que se prevé que el paciente permanecerá en lista de espera. Muchas de las enfermedades pulmonares crónicas se caracterizan por presentar un período de relativa estabilidad, otro de deterioro lento y progresivo, y una fase final de empeoramiento muy rápido tras la que los enfermos fallecen. Es importante indicar la inclusión en la lista de espera en un momento en el que los pacientes estén suficientemente enfermos para comprometer su supervivencia, pero no tan enfermos que no puedan sobrevivir el tiempo que han de permanecer en espera (fig. 1).

Figura 1. Ventana de tiempo en la que está indicada la inclusión de los pacientes en lista de espera de trasplante pulmonar.

Se han realizado numerosos estudios en niños con fibrosis quística para identificar las variables pronóstico que nos permitirían estimar su probable supervivencia y orientar la inclusión en la lista de espera de trasplante. Aunque se han desarrollado varios modelos con ayuda del análisis multivariante, ninguno de ellos es suficientemente sensible y específico10. Por otro lado, la progresión de la enfermedad es muy variable en los pacientes con fibrosis quística. En la práctica, la decisión para indicar la realización de un trasplante pulmonar en estos niños se basa en la consideración conjunta de una serie de variables11-13: valor del volumen espiratorio forzado en el primer segundo (FEV1) menor al 30% respecto al valor teórico, deterioro rápido de la función pulmonar, desnutrición refractaria a una intervención nutricional agresiva, cor pulmonale, hipoxemia (pO2 < 55 mmHg) y/o hipercapnia (pCO2 > 50 mmHg), e incremento progresivo de la resistencia antimicrobiana de los patógenos pulmonares. Son también de más riesgo los pacientes más jóvenes y los de sexo femenino. Además, es esencial tener en cuenta la calidad de vida de los niños considerando ciertos factores, como la capacidad para tomar parte en las actividades diarias (ir al colegio, relaciones sociales), la tolerancia al ejercicio, el tiempo que pasan ingresados en el hospital, y los requerimientos de oxígeno y tratamientos antibióticos1.

En otras enfermedades, como las neumonías intersticiales o la fibrosis pulmonar, dada su escasa frecuencia, no disponemos de datos fácilmente objetivos y validados en los niños, especialmente en los lactantes. Lo más importante es valorar en estos casos la presencia de una alteración funcional moderada o grave, la necesidad de ventilación mecánica o de aportes muy elevados de oxígeno y la falta de respuesta a los tratamientos realizados, y efectuar una comparación con la historia natural teórica de la enfermedad9.

En los últimos años, el tratamiento de los pacientes con hipertensión pulmonar primaria ha evolucionado considerablemente por la disponibilidad de nuevos tratamientos médicos14,15. Se han publicado datos de supervivencias en niños similares a la del trasplante pulmonar con el empleo de epoprostenol intravenoso16, pero se desconoce todavía el efecto a largo plazo sobre la supervivencia de otros tratamientos, como bosentan, sildenafilo, iloprost o teprostinil. Otro factor a tener en cuenta es que algunos pacientes que se han estabilizado con el tratamiento médico pueden presentar posteriormente un empeoramiento muy brusco que no permite incluirlos en lista de espera para trasplante. Actualmente, se recomiendan los siguientes criterios para referir a un niño con hipertensión pulmonar a un centro de trasplante10: clase funcional III o IV, poca tolerancia al ejercicio (recorrer menos de 350 m en la prueba de caminar 6 min), síncopes no controlados, hemoptisis o fallo ventricular derecho, y algunos parámetros hemodinámicos (presión media de la aurícula derecha > 15 mmHg, e índice cardíaco < 2 l/min/m2).

Contraindicaciones

Hay diferentes situaciones que pueden hacer desestimar la realización de un trasplante pulmonar, algunas de ellas de modo absoluto y otras de modo relativo (tabla 2)5,10,17.

En los pacientes con fibrosis quística, muchos centros consideran la presencia de Bulkholderia cepacia una contraindicación absoluta para la realización del trasplante, dado que se ha descrito un riesgo de muerte postrasplante precoz del 50%. El análisis molecular ha permitido definir que este mal pronóstico va asociado fundamentalmente a la infección por B. cepacia genomovar-3, y la evolución es mejor en otros subtipos de esta bacteria18.

Muchos de los criterios estándares de exclusión en los programas de trasplante pulmonar de adultos, como la ventilación mecánica, la toracotomía previa, el tratamiento con corticoides e incluso la oxigenación de membrana extracorpórea, no son aplicables del mismo modo en los niños19, y no representan una contraindicación absoluta para el trasplante9,20.

Los pacientes cianóticos en los que se han realizado toracotomías previas para procedimientos paliativos deben evaluarse con cuidado antes del trasplante, ya que presentan un riesgo elevado de sangrado a partir de colaterales de la pared torácica17.

Órgano donante

La escasez de órganos donantes es uno de los determinantes principales para la realización de trasplantes de órganos sólidos. El problema de la escasez de órganos es mayor en el caso del pulmón dado que sólo en un 15-20% de los donantes multiórgano se consigue utilizar los pulmones.

Es necesaria la compatibilidad ABO, y el pronóstico es mejor cuando se emplean donantes ABO idénticos. Otro factor muy importante es la compatibilidad de tamaño entre el receptor y el donante. La mayoría de centros aceptan órganos con un tamaño un 10-25% inferior o superior a los valores teóricos del receptor. En la tabla 3 se recogen los requisitos generales para la selección de donantes pulmonares de cadáver.

En nuestro centro, el tiempo medio de espera para los niños menores de 2 años ha sido de 71 días, y de 60 días para los niños de 3-9 años de edad, mientras que para los niños de 10-15 años fue de 146 días21, cifra que se está incrementado en los últimos 2 años.

Aunque en España hay un índice de donación muy elevado, en los últimos años se ha producido un descenso de los donantes fallecidos por accidente de tráfico unido a un aumento de los donantes fallecidos por hemorragia cerebral3,4. Ello ha traído consigo un envejecimiento de la población donante, lo que limita la disponibilidad de órganos para el trasplante pulmonar, especialmente para los niños y adolescentes. Para compensar este aspecto, en algunos centros se intenta incrementar el número de órganos disponibles con la utilización de donantes a corazón parado22, o mediante la realización de trasplantes lobares en niños con pulmones procedentes de pacientes adultos20.

En España, el porcentaje de pacientes que fallecen en lista de espera antes de poder recibir un trasplante pulmonar es de alrededor del 10%3, situación favorable en relación con otros países1.

Tipos y técnicas de trasplante

Los trasplantes pulmonares pueden clasificarse básicamente como unipulmonares y bipulmonares17.

Las indicaciones del trasplante unipulmonar en niños son mucho menos frecuentes que en los adultos. Se aconseja realizarlo sólo si el crecimiento somático está casi completado y el órgano ofrecido es de tamaño y calidad perfectos. Podría indicarse en la enfermedad parenquimatosa pulmonar no séptica (fibrosis pulmonar, bronquiolitis obliterante, etc.) y la hipertensión pulmonar. Para la realización del trasplante unipulmonar, el tórax se aborda a través de una toracotomía posterolateral y se realizan 3 suturas: el bronquio principal, la arteria pulmonar y la aurícula izquierda.

El trasplante bipulmonar es la opción preferida en los niños, y es obligado en los casos de enfermedad pulmonar séptica (fibrosis quística, bronquiectasias), debido al riesgo de contaminación del pulmón trasplantado por el pulmón nativo. La técnica utilizada es el trasplante bipulmonar secuencial. El abordaje del tórax se realiza a través de una toracosternotomía transversa bilateral (fig. 2) a través del cuarto o quinto espacio intercostal, y el trasplante se lleva a cabo como si se tratara de dos trasplantes unipulmonares de forma consecutiva. En ocasiones, durante la implantación del primer pulmón, o más frecuentemente en la del segundo pulmón, es necesario el empleo de circulación extracorpórea por motivos de hipoxemia, hipertensión pulmonar o bajo gasto cardíaco. En algunos centros pediátricos se utiliza de manera sistemática la circulación extracorpórea durante todo el trasplante, obligada en los lactantes y niños pequeños23.

Figura 2. Incisión cutánea correspondiente a una toracosternotomía transversa bilateral para realizar un trasplante bipulmonar secuencial.

Las técnicas de trasplante lobar son una variante del trasplante bilateral secuencial, y pretenden compensar la escasez de donantes.

El trasplante de donante vivo se ha realizado, principalmente en pacientes con fibrosis quística, en algunos centros de Estados Unidos24. El procedimiento quirúrgico consiste en un trasplante bipulmonar secuencial utilizando el lóbulo inferior de dos donantes vivos, con la complicación de coordinar tres operaciones simultáneas. También se ha propuesto la realización del trasplante lobar procedente de un donante adulto cadáver20,25. El trasplante lobar en niños con pulmones de donantes adultos es factible sólo a partir de los 7 años de edad26.

El trasplante cardiopulmonar consiste en un trasplante en bloque del corazón y los dos pulmones, realizando una anastomosis de la tráquea, la aorta y la aurícula derecha. Se reserva para los pacientes con una enfermedad vascular pulmonar asociada a cardiopatía congénita no corregible, y para los casos en que se ha producido un fallo ventricular izquierdo8.

Inmunosupresión

En cada centro se utilizan regímenes inmunosupresores ligeramente diferentes, pero la mayoría utiliza un tratamiento triple, formado por tacrolimus o ciclosporina, micofenolato o azatioprina, y corticoides6. También se utilizan con frecuencia tratamientos de inducción a partir de la aparición de los antagonistas de la interleucina 2, basiliximab o daclizumab6.

Complicaciones

Fallo primario del injerto

Es una lesión pulmonar aguda con aumento de la permeabilidad vascular relacionada con la preservación y la isquemia-reperfusión. Se define como un cociente entre la presión arterial de oxígeno/fracción inspiratoria de oxígeno (PaO2/FiO2) menor de 200 mmHg27. Se denomina también lesión de preservación o edema de reperfusión. Su incidencia oscila entre el 10 y el 30%28,29.

Clínicamente, se manifiesta por infiltrados pulmonares bilaterales y disminución de la oxigenación. El tratamiento se basa en las medidas de soporte habituales para la hipoxemia (ventilación mecánica, presión positiva al final de la espiración [PEEP], restricción de líquidos), y en la administración de óxido nítrico inhalado. En general, suele ser transitoria, aunque en casos muy graves puede ser responsable de la muerte del paciente.

Rechazo agudo

A pesar de los regímenes inmunosupresores actuales, la incidencia de rechazo agudo es alta y la mayoría de receptores experimentan al menos un episodio de rechazo agudo. Es uno de los factores de riesgo principales para el desarrollo de una bronquiolitis obliterante.

El rechazo agudo es un fenómeno de inflamación mediada por células (linfocitos T) de un órgano reconocido como extraño. His tológicamente, el rechazo agudo celular se caracteriza por infiltrados perivasculares linfocíticos, con o sin una bronquiolitis linfocitaria acompañante.

El mayor riesgo para el rechazo agudo corresponde a los primeros meses postrasplante8, y es especialmente frecuente en el período postoperatorio inmediato. Las manifestaciones clínicas son inespecíficas e incluyen fiebre, tos, disnea, auscultación de crepitantes o roncus, aparición de infiltrados en la radiología torácica y deterioro en la oxigenación o la función pulmonar. En ocasiones se puede presentar de forma silente. La radiografía de tórax es anormal en el 75% de los episodios de rechazo agudo en el primer mes postrasplante, pero puede ser normal o no mostrar cambios hasta en el 80% de los episodios más tardíos. Es necesaria la realización de una biopsia transbronquial para confirmar el episodio de rechazo. Histológicamente, se clasifica en distintos grados, desde A0 (no rechazo) hasta A4 (rechazo grave)30. En general, los rechazos de grado A2 o superior se tratan con dosis altas de corticoides (tres dosis de 10 mg/kg/día). Hay una cierta controversia sobre si deberían ser tratados los rechazos de grado mínimo (A1): algunos autores no los tratan, mientras que otros creen que son un factor de riesgo para el desarrollo de un rechazo crónico31.

En pacientes clínicamente estables y asintomáticos se han encontrado biopsias transbronquiales positivas para el rechazo en el 25-71% de los casos (en general, un rechazo mínimo o leve), por lo que la práctica estándar es la realización de biopsias transbronquiales de vigilancia periódicas, sobre todo durante los primeros 6-12 meses postrasplante32.

Infección

Las infecciones bacterianas del órgano trasplantado son las más frecuentes durante las primeras 2-3 semanas. Dado el riesgo de desarrollar bronquitis o neumonía que presentan estos pacientes, el aislamiento de microorganismos bacterianos en el esputo se trata de manera precoz con antibióticos, aunque represente sólo una colonización de las vías aéreas.

Las infecciones por organismos oportunistas, como Nocardia, Legionella y Pneumocystis, se han eliminado prácticamente con el uso profiláctico de trimetoprima-sulfametoxazol.

La infección por citomegalovirus se ha considerado una de las causas principales de morbilidad y mortalidad tras el trasplante de órganos sólidos. En ausencia de profilaxis, entre el 25 y el 80% de los receptores de un trasplante de órganos sólidos desarrollará una infección por citomegalovirus que será sintomática en el 8-41% de estos pacientes33. El mayor riesgo lo presentan los receptores seronegativos que reciben un órgano de un donante seropositivo. Además de la enfermedad aguda por citomegalovirus, la infección por citomegalovirus se asocia con un aumento de la frecuencia de bronquiolitis obliterante. El diseño de protocolos de terapia anticipada basados en la detección del antígeno pp-65 en los leucocitos de sangre periférica o de los ácidos nucleicos virales por reacción en cadena de la polimerasa (PCR)33,34, así como el uso de ganciclovir, y recientemente de valganciclovir, para el tratamiento y la prevención de la infección por citomegalovirus, ha conducido a una disminución muy importante de la mortalidad en estos pacientes.

Las infecciones fúngicas se pueden asociar con una mortalidad elevada, especialmente las producidas por Aspergillus y en menor grado por Candida35, por lo que igualmente se emplean protocolos profilácticos que incluyen el uso de anfotericina B nebulizada36, itraconazol o fluconazol. En los pacientes afectados de fibrosis quística colonizados previamente por Aspergillus se administra además de manera profiláctica anfotericina B intravenosa en el período postoperatorio inmediato.

La mayoría de los niños que reciben un trasplante pulmonar experimentan las infecciones usuales respiratorias y gastrointestinales propias de la infancia sin problemas significativos. Esto es cierto sobre todo si la infección se produce en un período tardío postrasplante. Sin embargo, la infección precoz con virus adquiridos en la comunidad (virus respiratorio sincitial, parainfluenza, influenza y, especialmente, adenovirus) puede originar una enfermedad pulmonar grave; se han descrito casos de fallo del injerto37.

Enfermedad linfoproliferativa postrasplante

La enfermedad linfoproliferativa postrasplante se define como la proliferación linfoide, en la mayoría de ocasiones de tipo B, después del trasplante. El espectro de trastornos va desde una hiperplasia policlonal a un linfoma monoclonal maligno. En los niños está relacionada casi siempre con el virus de Epstein-Barr38. Alrededor del 80% de los casos ocurre en los primeros 2 años del trasplante. La incidencia tras el trasplante de pulmón es de alrededor del 11%38,39.

Es necesaria una vigilancia constante de los síntomas para realizar un diagnóstico precoz, especialmente en los pacientes sin inmunidad pretrasplante contra el virus de Epstein-Barr40. La realización de una tomografía computarizada (TC) de tórax de control sistemático en los niños trasplantados de pulmón permite la detección frecuente de casos asintomáticos.

La enfermedad linfoproliferativa postrasplante tiende a afectar al órgano trasplantado y el área alrededor del trasplante41. La incidencia de afecciones intratorácicas en el trasplante pulmonar es de alrededor del 70%, y en el trasplante de corazón-pulmón, del 89%39. Se realiza un enfoque preventivo mediante la determinación periódica de la carga viral del virus de Epstein-Barr mediante PCR y la disminución de la inmunosupresión y administración de ganciclovir o valganciclovir en caso de que se detecte un aumento42.

El tratamiento consiste en disminuir la inmunosupresión, administrar antivirales intravenosos y, en caso necesario, el empleo de quimioterapia. Recientemente, parece que el rituximab, un anticuerpo monoclonal contra antígenos de la superficie de los linfocitos B (anti-CD 20), podría ser el tratamiento de elección antes de emplear la quimioterapia, que se reservaría para los casos sin respuesta43.

Complicaciones de la vía aérea

Las complicaciones de la vía aérea debidas a la isquemia bronquial fueron una complicación grave en las primeras épocas del trasplante pulmonar, pero su frecuencia y gravedad han disminuido mucho: su frecuencia actual es de un 10-15%29. Las más frecuentes son la estenosis de las suturas bronquiales y la malacia de la zona de anastomosis. El manejo de estas complicaciones incluye la dilatación con balón, la resección con láser o la colocación de una prótesis44. La dehiscencia de la sutura es poco frecuente. Si es parcial, se puede tratar de manera conservadora, pero si es total puede requerir la neumonectomía.

Bronquiolitis obliterante

La bronquiolitis obliterante constituye actualmente la amenaza más importante para la supervivencia a largo plazo de los pacientes sometidos a trasplante pulmonar45. Representa una forma de rechazo crónico. En su patogenia se ha implicado un proceso aloinmune, la infección por citomegalovirus y el tiempo de isquemia bronquial.

La incidencia es mayor durante los primeros 2 años después del trasplante, pero los pacientes permanecen en riesgo indefinidamente; el 60-80% de los pacientes puede alcanzar el riesgo acumulado de bronquiolitis obliterante a los 5-10 años del trasplante29.

La manifestación clínica más constante es la pérdida progresiva de función pulmonar por la obstrucción al flujo aéreo. La TC de alta resolución puede mostrar un patrón en mosaico en el que se intercalan zonas de atrapamiento aéreo con zonas normales. Dado que la afección suele ser focal, la biopsia transbronquial es poco sensible para su diagnóstico, e incluso la biopsia a cielo abierto no es sensible al 100%. Por ello, se utiliza el término clínico de "síndrome de bronquiolitis obliterante", como la disminución del FEV1 un 20% o más respecto al mejor FEV1 postrasplante46.

El tratamiento consiste básicamente en aumentar la inmunosupresión47. En algunos pacientes la función pulmonar se estabiliza a un nivel inferior, pero en otros la afección puede ser rápidamente progresiva y mortal. El retrasplante para los casos de bronquiolitis obliterante es controvertido y los resultados no muy favorables. La utilización de ciclosporina nebulizada podría disminuir la incidencia de rechazo crónico postrasplante48.

Falta de cumplimiento con el tratamiento

La falta de adhesión al tratamiento, en especial dejar de tomar regularmente los fármacos inmunosupresores, puede ser una causa frecuente de rechazo agudo o crónico en los pacientes adolescentes. Se debe sospechar en los casos en que las dosis de los fármacos fluctúan mucho, se observan faltas de asistencia a la consulta, rechazo agudo recurrente, depresión o quejas frecuentes relacionadas con la ganancia de peso o el aspecto cushingoide. Para resolver el problema son esenciales, en estos casos, el apoyo psicológico y la terapia familiar26.

Pronóstico y supervivencia

Tras el trasplante pulmonar se produce una mejoría espectacular en la calidad de vida de los niños trasplantados. El 90% de los niños no tiene ninguna limitación en su actividad a los 3 años del trasplante49.

En el Children's Hospital de St. Louis, el centro con mayor experiencia mundial pediátrica, se ha alcanzado en 15 años, sobre 277 trasplantes realizados, una supervivencia a los 5 años del 55%23 y a los 10 años del trasplante, una tasa del 40%29. El retrasplante conlleva una mortalidad superior, con una tasa de supervivencia a los 5 años del 25-30%8.

En nuestro país, las cifras de supervivencia en el trasplante pediátrico están entre el 62 y el 70% a los 5 años y el 62% a los 8 años20,21,50.

Los avances alcanzados en los últimos años en las técnicas quirúrgicas y la inmunosupresión hacen que el trasplante pulmonar en los niños sea una realidad. El reto actual es el incremento de la supervivencia a largo plazo y la disminución de la incidencia de rechazo crónico.

Bibliografía recomenda

Glanville AR, Estenne M. Indications, patient selection and timing of referral for lung transplantation. Eur Respir J. 2003;22:845-52.
En este artículo se discuten a fondo las indicaciones para realizar un trasplante de pulmón y se profundiza en la discusión sobre cuándo es adecuado incluir a un paciente en lista de espera.

Kotloff RM, Ahya VN. Medical complications of lung transplantation. Eur Respir J. 2004;23:334-42.
Para el lector que quiera profundizar en el manejo de las principales complicaciones postrasplante de pulmón.

Meyers BF, De la MM, Sweet SC, Trulock EP, Guthrie TJ, Mendeloff EN, et al. Primary graft dysfunction and other selected complications of lung transplantation: A single-center experience of 983 patients. J Thorac Cardiovasc Surg. 2005;129:1421-9.
Este artículo recoge la experiencia de 15 años de trasplante de pulmón en adultos (706 receptores) y en niños (277 receptores) de los hospitales Barnes-Jewish Hospital y St. Louis Children's Hospital de St. Louis (Missouri). Es la mayor serie publicada en el mundo y proporciona una excelente perspectiva de la evolución y las complicaciones de los pacientes trasplantados de pulmón.

Huddleston C, Mendeloff E, Mallory G. Trasplante pulmonar pediátrico. An Esp Pediatr. 2001;54:359-71.
Excelente revisión de todos los aspectos relacionados con el trasplante de pulmón en niños procedente de uno de los centros con más experiencia del mundo.

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