Anales de Pediatría Continuada Anales de Pediatría Continuada
An Pediatr Contin. 2006;4:125-8 - Vol. 4 Núm.2 DOI: 10.1016/S1696-2818(06)73599-5

Uso de antibioterapia oral frente a intravenosa en el tratamiento de las infecciones urinarias febriles de la infancia

Víctor M García-Nieto a, Margarita Monge-Zamorano b

a Unidad de Nefrología Pediátrica. Hospital Nuestra Señora de Candelaria. Santa Cruz de Tenerife. Tenerife. España. vgarcia@comtf.es
b Centro de Salud de Tacoronte. Tenerife. España. mmendeza@papps.org

Artículo

Puntos clave

  • La inflamación del parénquima renal en las pielonefritis agudas es la causa de las cicatrices renales con la consiguiente pérdida de parénquima renal.
  • Aunque existe alguna discordancia, es más frecuente formar cicatrices renales en presencia de reflujo vesicoureteral que en su ausencia.
  • La edad es un factor de riesgo en la formación de cicatrices, aunque pueden aparecer, también, pasados los 5 años de edad.
  • Se ha comunicado una frecuencia de cicatrices renales después de una pielonefritis aguda que varía entre el 30 y el 68%.
  • Existen trabajos amplios en la literatura médica en los que se sugiere que el tratamiento oral de las infecciones urinarias febriles en niños de más de un mes de edad es igual de seguro y eficaz que el tratamiento por vía intravenosa.
Hoberman A, Wald ER, Hickey RW, Baskin M, Charron M, Majd M, et al. Oral versus initial intravenous therapy for urinary tract infections in young febrile children. Pediatrics. 1999;104:79-86.

Resumen

Tipo de artículo: Ensayo clínico prospectivo, aleatorizado, multicéntrico.

Objetivos: Comparar la eficacia del tratamiento oral con cefixima durante 14 días frente al tratamiento inicial con cefotaxima por vía intravenosa durante 3 días, seguido de cefixima oral los 11 días restantes.

Criterios de selección: Niños de uno a 24 meses con temperatura rectal ≥ 38,3º C, piuria, bacteriuria y urocultivo positivo (recogido con catéter).

Exclusiones: Urocultivo negativo. Hipersensibilidad a cefalosporinas. Cocos Gram-positivos. Existencia de una causa alternativa inequívoca de fiebre. Antecedente de infección urinaria previa, de anomalías morfológicas del tracto urinario o de una enfermedad crónica subyacente. Pacientes que habían recibido antibióticos en las 48 h anteriores.

Resultados: Se incluyó a 306 niños (153 en cada grupo). Según el estudio inicial realizado con el ácido dimercaptosuccínico (DMSA) inicial (n = 297), 186 niños se diagnosticaron de pielonefritis aguda y 111 de cistitis. El tiempo hasta la resolución de la fiebre no mostró diferencias significativas entre los grupos. No hubo diferencias significativas entre los grupos en la tasa de recurrencias de infección urinaria sintomática en los 6 meses siguientes. Al cabo de 6 meses, la presencia de cicatrices renales en los niños tratados por vía oral fue de 9,8 frente al 7,2% en los tratados por vía intravenosa. Las cicatrices fueron significativamente más frecuentes en los niños con reflujo vesicoureteral que en aquellos sin reflujo (16 de 107 frente a 70 de 165; p < 0,03). El grado de reflujo se asociaba significativamente a una mayor incidencia de cicatrices sin relación con el modo de tratamiento (p = 0,007)

Conclusiones: La cefixima oral puede recomendarse como segura y eficaz en el tratamiento de niños con infección urinaria febril.

Montini G, Murer L, Gobber D, Commacchio S,Toffolo A, Dall’Amico R, et al. Oral vs initial intravenous antibiotic treatment of urinary tract infections in children: a multicentre study. Nephrol Dial Transplant. 2003;18 Supl 4:816a.

Resumen

Tipo de artículo: Ensayo clínico prospectivo multicéntrico.

Objetivos: Comparar la eficacia del tratamiento oral con amoxicilina/ácido clavulánico por vía oral durante 10 días frente al tratamiento inicial con ceftriaxona por vía intravenosa hasta la desaparición de la fiebre, seguido de amoxicilina/ácido clavulánico por vía oral hasta completar 10 días.

Criterios de selección: Niños de 2 meses a 6 años con fiebre e índices sanguíneos de inflamación positivos y 2 urinocultivos positivos (no se indica el método de recogida).

Exclusiones: Función renal anormal y antecedentes de infección urinaria previa.

Resultados: Se incluyó a 387 niños (185 con tratamiento oral y 202 con tratamiento inicial por vía intravenosa). No existían diferencias entre ambos grupos en cuanto a la edad, la temperatura y los resultados de los índices de inflamación al diagnóstico. El 62,4% de los estudios con ácido dimercaptosuccínico (DMSA) realizados durante la fase aguda mostraron datos de infección renal. De los 90 estudios con DMSA solicitados al año de seguimiento, el 29% mostró cicatrices renales, con una proporción igual entre los dos grupos de tratamiento.

Conclusiones: Según los autores del trabajo, los resultados obtenidos confirman la posibilidad de utilizar el tratamiento oral con amoxicilina/ácido clavulánico con la misma seguridad y eficacia que el tratamiento por vía intravenosa.

Discusión

Las pielonefritis agudas requieren un tratamiento eficaz dada la posibilidad demostrada de una pérdida de parénquima renal por la aparición de cicatrices renales. Por todo ello, hasta la publicación de los trabajos expuestos, se tenía como norma indiscutible el tratamiento con antibióticos por vía intravenosa de los pacientes con sospecha diagnóstica inicial de pielonefritis aguda.

La prueba de elección para detectar los cambios inflamatorios asociados a una pielonefritis aguda es la gammagrafía realizada con ácido dimercaptosuccínico (99mTc DMSA o DMSA). Este isótopo es retenido por las células de los túbulos proximales renales. La prueba realizada con DMSA sólo detecta cambios limitados en la corteza renal, de tal modo que las pielonefritis que afectan a la médula renal muestran resultados negativos. Por ello, en los casos en los que se sospecha una pielonefritis clínicamente o mediante pruebas bioquímicas pero en los que el DMSA es normal, nunca se desarrollan cicatrices renales1. Los reactantes de fase aguda más utilizados en la sospecha de infección parenquimatosa son la velocidad de sedimentación y la proteína C reactiva. Otros parámetros eficaces en la sospecha de pielonefritis son la determinación de los niveles plasmáticos de la procalcitonina, las citocinas proinflamatorias (interleucina [IL]-6 e IL-8) y la osmolalidad urinaria máxima tras la administración de desmopresina.

Desde hace años se han descrito factores de riesgo en el desarrollo de las cicatrices, especialmente, la edad, el retraso en la instauración del tratamiento antibiótico, la agresividad bacteriana y el reflujo vesicoureteral2.

Precisamente, durante años se discutió si el propio reflujo podía ser la causa de las cicatrices. La intensidad del reflujo parece estar relacionada con la capacidad para producir a posteriori cicatrices renales3. Scherlz et al4 demostraron, 3 meses después de un proceso infeccioso agudo, una incidencia de un 9% de cicatrices en pacientes con reflujos grados I y II y, en cambio, de un 42% en aquellos con reflujo grados III-IV. No obstante, un gran número de pacientes pediátricos con pielonefritis aguda y sin reflujo, desarrolla cicatrices renales. Como ha indicado Rushton5, el requisito para desarrollar una cicatriz renal después de una infección es la infección en sí misma más que la presencia o ausencia de reflujo, es decir, el proceso inflamatorio que induce la subsiguiente necrosis renal.

El reflujo vesicoureteral se considera, por tanto, un factor de riesgo para la aparición de cicatrices renales y se relaciona directamente con su papel como factor de riesgo de pielonefritis aguda6. No obstante, la revisión de las series que incluyen a pacientes a los que se les realizaron gammagrafías con DMSA y cistografías en el tiempo de la infección, muestra resultados algo dispares. En 6 series (n = 668) recogidas por Garin et al7, la frecuencia de pruebas con DMSA anormales en niños con reflujo, osciló entre el 51 y el 91%, en comparación con una frecuencia de 18-56% en los niños sin reflujo. No obstante, en otras 4 series (n = 470), las diferencias entre esos 2 tipos de grupos no fueron estadísticamente significativas7.

Varios estudios han comunicado la susceptibilidad para desarrollar cicatrices en relación con la edad, con un mayor riesgo por debajo del año y un riesgo muy bajo después de los 5 años de edad8. No obstante, Benador et al9 observaron una frecuencia de cicatrices renales de 40% por debajo del año de edad, de 86% entre 1 y 5 años y de 64% en mayores de 5 años.

La frecuencia media de nefropatía cicatrizal después de una pielonefritis es del orden de 371-38%10. No obstante, se han publicado series con unas frecuencias tan elevadas como 57%11 y 68%3. En nuestro hospital, con una pauta de tratamiento por vía intravenosa al ingreso, la tasa de cicatrices fue del 30,6%12.

Otro hecho muy controvertido es si el reflujo vesicoureteral, en sí mismo, predispone o es la causa de las infecciones urinarias. Esta relación causal está muy extendida en las creencias de la comunidad médica. Se basa en el concepto de que la mayoría de las infecciones son ascendentes y en que las bacterias que alcanzan la vejiga desde la uretra no serían evacuadas completamente después de cada micción puesto que, en presencia de reflujo, se reintegrarían, de nuevo, a la vejiga, desde el uréter. No obstante, el reflujo no explica, por sí mismo, el mecanismo por el que las bacterias alcanzan la vejiga desde la uretra.

Se ha demostrado que la incidencia de infección urinaria desciende después de la corrección quirúrgica del reflujo13. Esto, sin embargo, no demuestra inequívocamente los efectos beneficiosos de la cirugía, puesto que la incidencia de infección urinaria también se reduce con el paso del tiempo en los niños no intervenidos14. Govan y Palmer15 revisaron la incidencia de infección urinaria en 2 grupos de pacientes, el primero integrado por niños con reflujo corregido quirúrgicamente y el segundo por pacientes sin reflujo. Pues bien, la incidencia de infecciones urinarias recurrentes fue similar en ambos grupos. En los tiempos en que no se efectuaba la profilaxis antibiótica mantenida, Kunin et al16 estudiaron a un grupo de pacientes entre 5 y 19 años afectos de infecciones urinarias recurrentes, con o sin reflujo. Curiosamente, la incidencia de infección urinaria fue más alta, incluso, en los niños sin reflujo.

El concepto de que el reflujo no es, en sí mismo, la causa de las infecciones se apoya en otras dos observaciones. En primer lugar, el hecho de que el 75% de los hermanos de pacientes con reflujo son portadores de esa misma malformación en ausencia de infección urinaria. En segundo lugar, es llamativa la observación repetida de que mujeres que en la infancia fueron diagnosticadas de reflujo, en los embarazos tienen una mayor incidencia de infecciones urinarias, en relación con un grupo control17. Seguramente, tanto los pacientes con reflujo como aquellos que sufren infecciones urinarias recurrentes, están predispuestos a padecer estas infecciones, aunque seguramente se debe a razones genéticas no conocidas en la actualidad, relacionadas con la sensibilidad de los receptores uroteliales a determinados antígenos de Escherichia coli.

Los dos trabajos que comentamos en este artículo confirman la eficacia de los antibióticos orales como tratamiento inicial para niños con pielonefritis aguda. En el trabajo de Hoberman et al se utilizó cefixima durante 14 días en niños de uno a 24 meses de edad. En el estudio de Montini et al se administró amoxicilina-ácido clavulánico durante 10 días en niños de 2 meses a 6 años. No se observaron diferencias significativas entre grupos en el tiempo hasta la resolución de la fiebre, en la frecuencia de recurrencias de infecciones urinarias sintomáticas en los 6 meses siguientes y, sobre todo, en la presencia de cicatrices renales.

Sin embargo, en el estudio de Hoberman et al se indica que entre los niños con reflujo de grados III a V los trastornos parenquimatosos renales persistentes en la gammagrafía con DMSA a los 6 meses, se presentarán con mayor frecuencia después del tratamiento oral (8/24, 33,3%) que del tratamiento por vía intravenosa (1/22, 4,5%). Una incógnita en los resultados del trabajo de Hoberman et al es la baja tasa de cicatrices demostradas en ambos grupos de tratamiento, cifra bastante inferior a la descrita en las otras series mencionadas más arriba.

Existe una omisión, en ambos trabajos, referida a lo acontecido a los niños que recibieron tratamiento, obviamente empírico, en las infecciones producidas por bacterias resistentes al antibiótico administrado inicialmente. En este sentido, es necesario que en cada comunidad se revise cada cierto número de años la sensibilidad antibiótica de las bacterias causantes de infecciones urinarias.

En la literatura, existen más publicaciones en las que se cita la posibilidad del uso del tratamiento antibiótico en las infecciones urinarias febriles de la infancia, pero no se menciona la repercusión en la adquisición secundaria de una nefropatía cicatrizal. Se han publicado trabajos en los se utilizó la asociación trimetoprim-sulfametoxazol18 o cefixima19. En otro estudio, se comparó la eficacia entre esos dos últimos fármacos20 y, en otro más, se contrastó la validez de la cefixima con respecto a la asociación amoxicilina-ácido clavulánico21.

En fin, aún existe incertidumbre sobre si los recién nacidos con pielonefritis aguda pueden ser tratados con antibióticos orales.

Conclusiones

La cefixima oral y la asociación amoxicilina/ácido clavulánico pueden recomendarse como seguras y eficaces en el tratamiento de niños por encima de 1 mes de edad con infección urinaria febril. Se necesitan datos adicionales para determinar si la eficacia del tratamiento varía entre niños con reflujo con dilatación comparados con niños sin reflujo o sin reflujo con dilatación22. Se requieren ensayos adicionales en los cuales otros antibióticos orales de uso frecuente se comparen con el tratamiento parenteral22.

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